Discutía ayer con una compañera del periódico (sí, he trabajado Viernes Santo y también el Jueves) si a estas alturas tiene o no sentido “salir del armario”. La cosa venía a colación de Anna Paquin, que ha elegido la Semana Santa para hacer pública su bisexualidad, y por supuesto de Ricky Martin, que hace unos días anunció al mundo también que le gusta el amor de los efebos, como decía Valle Inclán.
Mi opinión previa era que las preferencias erótico sentimentales de Ricky Martin tienen un interés cuasi nulo para la inmensa mayoría de la población, pero la verdad es que el día que saltó la noticia casi no había otro tema de conversación y, de hecho, fue de lo más leído en todos los diarios digitales. Más aún: sus “secuelas” han seguido apareciendo y siendo leídas, por chorribobas que fuesen como una antigua novia (¿?) mostrándole todo su apoyo.
No obstante, más allá de la atención puntual (que no es lo mismo que el interés) que reciba la noticia en unos días que tampoco se han caracterizado por su intensidad informativa, el análisis creo que debe hacerse en otro sentido: ¿qué consecuencias puede tener para la figura pública de Ricky Martin (o Anna Paquin) que los demás sepamos de su propia palabra sus preferencias sexuales?
Mi respuesta, puede que optimista, es que ninguna o, en todo caso, alguna positiva: declaraciones de apoyo, solidaridad no se sabe muy bien con qué, e incluso una buena publicidad (casualmente el propio Martin está a punto de publicar sus memorias).
No quiero decir con esto que me parezca mal que un personaje público exprese públicamente algo así (y aun menos que sea homosexual, bisexual o le guste frotarse vestido de muñeco de peluche), pero sí que estos actos de “outing” tienen para mí un aroma un tanto rancio y hasta cierto punto incomprensible, al menos en las sociedades como la nuestra en las que, afortunadamente, la homofobia es una actitud residual, bastante ridícula y mal vista.
¿Ayudará el gesto de Ricky Martin a otros homosexuales que tengan problemas por su orientación? Pues, la verdad, dudo mucho que alguien que, sea por la razón que sea, no pueda hoy por hoy vivir con naturalidad su homosexualidad se sienta aliviado o identificado con la experiencia de un cantante famoso, guapo y multimillonario.
Es obvio que no estoy seguro de esto y puede que me equivoque, pero la verdad es que mi impresión es que el tiempo del “outing” ha pasado y que ahora lo que sería positivo es vivir la vida con naturalidad, sea cual sea la que decidimos vivir. Y naturalidad no implica, por supuesto, ir por la calle con la chorra fuera o estar todo día hablando de si nos gustan las señoritas o los señores, al fin y al cabo la sexualidad es sólo una parte de nuestras vidas, desde luego importante, pero no la más importante.
Todo esto hablando, por supuesto, de la comunidad gay en un país como España; en sitios como Irán creo que serían necesarios otros gestos. Y esos sí que podrían ser valientes.
PD.: Dicho lo cual, el señor Martin tiene todo el derecho del mundo de decir lo que quiera… tanto como yo de reflexionar al respecto.
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