José Saramago era un gran escritor, pero también era un malvado. Y digo malvado porque me parece más respetuoso que llamarle tonto al día siguiente de su muerte, además de que estoy íntimamente convencido de que sólo se puede llegar a ese grado de inmundicia intelectual a través de la maldad.
Como era de prever con la muerte de Saramago se ha cumplido el ritual de beatificación habitual con los santones de la izquierda. En su caso resulta algo más sangrante que en otros, eso sí, porque él sí tenía una obra que le respaldase y al autor de El evangelio según Jesucristo o Memorial del convento no le hacen falta más que esas dos impresionantes novelas para merecer recuerdo y homenaje.
Sin embargo, tal y como bien dice el editorial de Libertad Digital sobre el tema, en este momento no sabemos si se ha muerto un escritor con ideas de izquierda o un comunista que escribía algo, y de hecho más parece lo segundo que lo primero.
A estas alturas lo que ya le ha quedado claro a todo el mundo es que era un hombre comprometido. Ay, la palabra.
Porque sí, es cierto, por convicción moral, por pura maldad, por interés económico o por una mezcla de las tres anteriores (en la que el porcentaje de la primera les aseguro que era menor de un 33%), Saramago estaba comprometido... con la ideología más asesina y despreciable del S XX y con todos aquellos que la habían llevado a su perfección: la muerte, la tiranía y el hambre.
Saramago estaba comprometido con que en Cuba se siguiese persiguiendo a los homosexuales, con que se encarcelase y torturase hasta la muerte a los disidentes, con que los cubanos carezcan de todo y vivan en el hambre y la miseria; estaba comprometido con que centenares de millones de chinos sean confinados en zonas en las que el sistema comunista les sume en la indigencia más absoluta mientras el Partido decide qué pueden hacer, cuántos hijos pueden tener y hasta con quién pueden casarse; estaba comprometido con los campos de exterminio de Camboya, con el Gulag soviético, con el Muro de Berlín y la Stasi alemana, con la Etiopía de Mengistu y su millón y medio de muertos de hambre... con cualquier cosa, en resumen, que implicase el asesinato masivo y la más cruel represión del individuo, con cualquier cosa que implicase acabar con la libertad.
Sí, estaba más que comprometido con el comunismo, pero eso es algo de lo que sus herederos hasta seis generaciones deberían avergonzarse, que la prensa debería reseñar como una ominosa tara en la vida del gran escritor, y por la que hasta un presidente rojo debería pasar de puntillas, en lugar de abrazar árboles, se ve que cansado de abrazar farolas.
Así las cosas, les confieso un deseo: quiero ser un escritor comprometido, apuntarme al carro ideológico más rentable, forrarme, vivir como un pachá, pontificar aquí y allá antes de llevármelo crudo y que al final se destaque mi "compromiso", pero no la bazofia inmoral y asesina a la que he apoyado toda mi vida.
Quiero ser un escritor comprometido, el problema es que no soy tan malvado como Saramago y no sé si me va a salir.
Lean sobre este mismo tema:
- Saramago, por Víctor Gago en LD Libros
- ¿Ha muerto un escritor o un comunista?, editorial de Libertad Digital
- El detestable compromiso de Saramago, por Elentir.
19 junio, 2010
Quiero ser un escritor comprometido
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Carmelo Jordá
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5:45 PM
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Labels: "artistas e intelectuales", comunismo
01 junio, 2010
¿Sabían todos los "solidarios" a lo que iban?
Se escribe mucho en estos días (yo mismo lo hago en LD) sobre la tragedia en la que ha terminado la flotilla “solidaria” y pro Hamas, un incidente desgraciado a más no poder porque le ha costado la vida a 10 personas y también porque está suponiendo una derrota de Israel en la guerra de la imagen pública, y las derrotas del estado judío lo son también de todos aquellos que amamos la libertad.
En Libertad Digital estamos narrando una secuencia ligeramente distinta de los hechos, creo sinceramente que más racional y ajustada a la verdad. Del mismo modo el excelente editorial de hoy ha resumido bastante bien la línea de la empresa y lo que muchos pensamos dentro de ella, así que quién quiera saber mi opinión al respecto puede remitirse a lo que vamos publicando allí.
No obstante, viendo algunas cosas que aparecen por ahí, quiero reflexionar sobre dos o tres temas, que tampoco son los más importantes, pero sí que me parecen interesantes.
El primero es el hecho de que hay una parte de la realidad que es directamente negada por muchos de mis compañeros en los medios: podemos incidir más en este o aquel aspecto de la noticia (en LD lo hacemos) pero llama poderosamente la atención que algunos datos fundamentales desaparezcan completamente de la narración: por ejemplo en El País los vídeos del ejército israelí no existen (o al menos no he sido capaz de encontrarlos), y yo diría que son bastante relevantes.
En segundo lugar un servidor percibe en todo esto cierto racismo, pero no contra los judíos (ese ya lo tengo descontado) sino contra los propios palestinos. Puede que sea culpa mía y de mi colmillo excesivamente retorcido, pero titulares como este entrecomillado de El País: "Si hacen esto con los europeos, ¿qué no harán con los palestinos?”, me parece que esconden cierta sensación de superioridad, cierto aire de “a – mi – que – soy – de – un – país – civilizado – no – se – atreverán – a – tocarme – un – pelo, - no – como a – esos – pobres – diablos”.
Lo decía la madre de uno de los tres españoles participantes en la opereta con final trágico, que nos lo explicaba mejor dos frases más adelante: “Es como si la vida de un europeo valiese más que la de ellos" (los palestinos). Sí, eso es, exactamente lo que creo que pensaban usted y su hijo y ahora han descubierto lo mucho que nos iguala la guerra, aunque afortunadamente no les haya tocado.
En relación con esto, hay otra cuestión que me parece relevante y que me gustaría plantear: ¿sabían todos los integrantes de la flotilla “solidaria” a lo que iban de verdad? No me cabe duda que los organizadores sí lo sabían: iban buscando que pasase exactamente lo que ha pasado, que hubiese muertos y que se pudiese organizar un espléndido escándalo internacional con el que hacerle daño a Israel.
Pero, ¿cuántos de los integrantes de la expedición sabían que no sólo podía ocurrir algo así sino que, de hecho, éste era uno de los objetivos clave de la misión? ¿Cuantos “solidarios” más o menos de pacotilla sabían que lo mejor que podían hacer era, mire usted por donde, morirse? Tengo la intuición que muy pocos...
Todo esto nos muestra varias cosas y una de ellas es el profundo desconocimiento que la mayor parte de la opinión pública occidental tiene de un conflicto sobre el que es muy fácil pontificar pero cuya lógica no se entiende; ni tan siquiera entienden la lógica de sus aliados para los que, como para todos los totalitarios que en el mundo han sido, la muerte no es un terrible accidente sino una ventaja táctica, algo con lo que poder especular y que suele salir rentable.
Y si están dispuestos a matar o dejar morir a sus propios compatriotas y hermanos en la fe, ¿qué no serán capaces de hacer con unos extranjeros infieles, por muy “solidarios” que sean?
La mayor parte de los europeos, y la inmensa mayor parte de la prensa europea, no comprende que Israel está luchando en una guerra, y no tienen ni idea de cual es el verdadero rostro de su oponente. Y lo peor es que ahora tampoco se van a enterar.
PD.: Sé que llevo demasiado sin escribir, espero sepan disculparme.
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Carmelo Jordá
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