05 septiembre, 2008

¿100.000 son pocos?

Actualmente, cada año se abortan 100.000 embarazos en España, según las últimas cifras. Más allá de la postura que cada uno tenga respecto al tema, me parece extremadamente complicado defender que es mejor que haya más abortos que tratar de reducir esa tremenda cifra. Sin embargo, la sensación que todos tenemos a estas alturas es que la nueva ley que está preparando la pizpireta Aído va justo por el camino contrario: el de estimular y favorecer que las mujeres aborten.

La elección de Bibiana es, por cierto, muy interesante para comprender algunas cosas alrededor de esta ley, en primer lugar como está entendiendo el tema el propio gobierno desde el punto de vista del marketing electoral: una operación para darse un baño de modernidad y, de paso, descolocar a una derechona que es tan fascista y carca como para no estar a favor de que se masacren indiscriminadamente fetos y, encima, ni es es tan mona ni viste tan bien como Aído.

Por el otro lado, vuelve a ubicar el tema del aborto como un asunto relacionado con la igualdad, lo que desde mi punto de vista es notoriamente demagógico: ¿realmente la igualdad de las mujeres pasa por un aborto libre y gratuito como el que se pedía en las manifestaciones antaño? Sinceramente, creo que hay asuntos más acuciantes, especialmente para las mujeres de otros países o, sin irnos tan lejos, para muchas mujeres musulmanas que ya viven entre nosotros.

Y lo peor de todo es que, ni desde el punto de vista de los más partidarios del aborto parece de verdad necesario poner en marcha esta operación, como esos 100.000 fetos demuestran, hoy en día abortar es de lo más sencillo y los tres supuestos de despenalización son en realidad un coladero que permite que cada uno haga de su capa un sangriento sayo.

Pero todo eso queda muy lejos de los intereses de nuestras fashion - ministras como Carme o Bibiana, a las que preocupan los trapitos de las soldadas o que ni mujeres ni médicos tengan molestias a la hora de matar fetos.

Otra cortina de humo, pero hay cosas con las que yo creo que no se debería jugar.

5 comentarios:

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Hay varios problemas con su postura:

1º- Afirma que la reducción del total de abortos que se practican anualmente en España es algo que debería importar a todo el mundo "más allá de la posición de cada uno respecto al aborto". Esto es una petición de principio descarada en tanto para alguien que, como yo, considere el aborto algo, "hasta cierto plazo", en manos de la madre le resultará completamente indiferente que hayan 10, 20 o 100000 abortos anuales en España. Es sabido: el PIB no se come.

2º- Entrar a considerar como una pretensión de modernidad un cambio legal que abandone la concepción del aborto como un delito con excepciones es sólo una evidencia de que quien así lo considera es un poco... reaccionario.

3º- Que abortar sea más o menos sencillo según la actual legislación no excluye el hecho, ya mencionado, de que a día de hoy jurídicamente el aborto es un delito con excepciones. Porque esto es otra cosa que se observa en este artículo: esa clase de conservadurismo, ya denunciado por Hayek estupendamente, que practica el tancredismo de forma sistemática. Para ellos todo lo nuevo es sospechoso y se den las razones que se den siempre parece preferible que sigan vigentes las cosas que anteriormente calificaron ya de errores...

4º- Los fetos no son personas y los embriones no son iguales a los fetos. Sería estupendo que la ley lo dejase claro finalmente atendiendo así a los criterios de la bioestadística más que a los de Santo Tomás de Aquino o el "Padre Santo" de turno.

Stewie Griffin dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Stewie Griffin dijo...

@ Isidoro

Estoy de bastante de acuerdo con tus tres primeros puntos.

Obviamente no lo estoy con el 4º porque en un sentido más general estoy en contra de la ley.

A mi todo esto de las estadísticas de abortos (que sinceramente no me importan), me suena a cuando los progres machacones de la televisión hablan de las mujeres que mueren por malos tratos en España, para así meter el miedo en el cuerpo en la gente e implicarla en un problema que no es suyo. Como obviamente no es mi problema que 100.000 personas aborten al año. Sería mi problema si mi novia quisiera abortar, pero no lo es la vida de gente que ni conozco.

Una vez que se le mete en la cabeza a la gente que el asunto en cuestión es un "problema social", entonces se tiene manga ancha para legislar y meter a abortistas entre rejas o crear tribunales especiales para personas de un genero, por seguir con los ejemplos.

Los problemas sociales deben resolverlos la sociedad, no el estado. Si existe una crisis de valores que llevan a la gente a no valorar a sus propios vástagos, entonces habrá que buscar soluciones pacificas, no tipificar conductas que suponen un ejercicio del derecho de autopropiedad, por muy inmoral que me parezcan, como ocurre con el aborto.

Saludos

Anónimo dijo...

Carmelo, cuando dices “Por el otro lado, vuelve a ubicar el tema del aborto como un asunto relacionado con la igualdad, lo que desde mi punto de vista es notoriamente demagógico:...”. Completamente de acuerdo contigo. Veamos.

Cuando una feminista utiliza el concepto de igualdad con respecto a los hombres, ya sabemos quien sale ganando en esa paridad. Dejando a un lado cuestiones morales, ya que cada uno tendrá las suyas, ¡¡vasta ya, de crear derechos para las mujeres, sin que en paralelo se legisle un derecho equiparable para los hombres!!

Si una mujer embarazada quiere que se le reconozca el derecho a tener o no tener ese hijo, ese derecho debe de ser equiparable en el varón. Si ella no quiere tener ese hijo que no lo tenga; pero si no lo quiere tener el padre, que no se le imponga ninguna obligación ni económica ni jurídica al respecto de ese hijo. Lo mismo podríamos decir al respecto de querer tener ese hijo; si ella lo quiere tener que tenga el derecho a tenerlo, pero si el padre lo quiere tener, de igual manera debe tener el derecho a tenerlo.

Con la ley existente (y la que venga) si la mujer quiere tener ese hijo, y el padre no, ella puede imponerle a dicho padre todas las obligaciones económicas y jurídicas para con ese hijo y sin ningún derecho sobre él.

Si la reforma de la ley del aborto quieren ubicarla como un asunto relacionado con la igualdad, que empiecen por ahí. De lo contrario, la actual ley del aborto (como la que venga), será una ley hembrista y antivarón, y por lo tanto, tan sexista o más que la actual.

Una tal Lidia Falcón dijo hace varias décadas que el sexismo era una forma de fascismo ¡¡Pues eso!!

Pablo el herrero

Anónimo dijo...

Señor Lamas,

Leo sus palabras con un bebé de tres meses en los brazos. Hace seis meses era un feto, y antes un embrión. No soy médico, ni biólogo ni teólogo; pero me da en la nariz que hay cierta continuidad que no se puede obviar fácilmente.