13 noviembre, 2008

El papelerazo gallardonita: 74 millones de euros para que echemos la mierda (con perdón)

El alcalde de Madrid tiene la virtud, o el defecto, de hacerlo todo a lo grande: cualquiera se gastaría unos míseros miles de euros en papeleras, todo lo más decenas o cientos de miles, pero nuestro particular faraón cibelino empieza a contar por los millones de euros igual que los niños empiezan a contar por el uno. Así se va a gastar 74 millones de euros en papeleras, sí sí, en papeleras.

Y sí sí, 74 millones de euros, 12.312 millones de las antiguas y entrañables pesetas vamos a destinar los madrileños a la cosa de las papeleras gracias a un contrato que seguro que ha sido un chollo dada la proverbial capacidad de negociación que tienen los políticos para estas cosas (esto es ironía, no se vayan a creer). Cada papelera en cuestión nos costará 1166 euros, con lo que es de esperar que además de cenicero (que tendrán todas) y de bolsitas para las cacas de perro (que tendrán algunas) lleven también aire acondicionado, alicatao hasta el techo y algún tipo de tuneo molón como unos dados que cuelguen del retrovisor.

(Por cierto, un paréntesis para una pregunta que me corroe: ¿Por qué coño le tenemos que pagar entre todos las bolsitas de las cacas de perro a los que tienen perro?)

Cierto es, que el contrato incluye además de 63.447 papeleras el mantenimiento por 10 años, que visto el coste supongo que se realizará en centros oficiales Mercedes (aunque yo sugiero Audi, a ver si así rebajan un poco el precio del coche faraónico).

Ironías aparte, es verdaderamente llamativo tanto el precio de las papeleras (de acuerdo, igual es que TODAS son así de caras, pero me cuesta creerlo), como que un alcalde elegido para cuatro años firme con esa alegría contratos por esas cantidades y con esos montantes, máxime en mitad de una crisis brutal, con su partido llamando a la contención en el gasto y en la ciudad más endeudada de España. Así, y gracias al "buen hacer" gallardonita Madrid no sólo está endeudada ahora, sino que tiene comprometidas partidas importantísimas de su presupuesto por dos lustros.

El dinero público no es de nadie fue la frase mítica de Carmen Calvo, Gallardón ha mejorado la doctrina: el dinero público es suyo, el de ahora y el de dentro de diez años.