19 julio, 2009

Cartas estivales (I): El infierno es un bar de carretera

Querido P,

No te dejes engañar por las imágenes pictóricas de calderos llenos de pecadores, por las evocaciones sobre el azufre y los sulfuros o por la poza de la mierda* con la que amenazaban en su niñez a nuestros padres, o al menos a los míos, no sé si era esa una historia que se utilizase por donde se criaron los tuyos. A lo que íbamos: todas esas imágenes satánico – volcánicas son una filfa: el infierno, estoy seguro, tiene forma de bar de carretera.

Y no lo digo a humo de pajas: estuve en un uno hace poco y me ha parecido una experiencia aterradora e infernal, nunca mejor dicho.

Lo primero de lo que uno se da cuenta al entrar en un bar de carretera es que, invariablemente, está lleno de gente fea. Ya sabes que no soy ni me creo un Adonis (tengo un pasar, como diría aquel) pero en estos infernales tugurios o bien se da cita lo más monstruoso del género humano, algo que sería mucha casualidad, o bien es uno de los pocos puntos en los que se nos permite a los humanos echar un vistazo a los horrores del averno, y esa es, claro, mi teoría.

¿Crees que exagero? Te equivocas, como diría el replicante de Blade Runner, he visto familias resultado del apareamiento entre monstruosas ballenas y alfeñiques consumidos y en un lamentable estado de embriaguez vital, cuyos hijos llevan camino de la redondez más absoluta y hacen que uno se pregunte por qué el cruce entre cetáceo y anguila tiende siempre a ballena.

He visto grupos de orondos centroeuropeos con pendientes, de los que comen cogiendo el tenedor por la parte del mango junto a las puntas y lo mueven como una pala con la que acarrean ingentes cantidades de alimento hacia sus fauces, de los que se beben un litro de cerveza antes de empezar a comer, de los que terminan su plato descomunal expresando su satisfacción por vía eruptiva.

He visto parejas patibularias con tatuajes carceleros, desvencijados por la edad y comiendo a pocos, sin mirarse, mientras fumaban compulsivamente; jovenzuelos cuyos tatuajes eran más profesionales, pero no por ello menos repugnantes, con el pelo con el mismo aspecto que un pedazo de césped y las cejas tan torturadas de piercings que se diría que han sido víctimas de un antiguo ritual indio; jóvenes que se creen modernos porque imitan a patéticos deportistas y que piensan que con su aspecto logran camuflar su origen y sus modales barriobajeros.

He visto niños gritones y porculeros molestar de mesa en mesa ante la pasividad de sus padres, arrobados por la insolencia del crío o preocupados por si llegarán a casa a tiempo de ver “Los hombres de Paco”, “Aquí no hay quién viva” o cualquier otra hediondez similar, pensando en que
mientras sus hijos (que parecen hechos para desmentir el dicho aquel de que no hay niños feos) molesten a los demás no les están molestando a ellos y así pueden hablar por el móvil a gritos repitiendo a su hermana, su cuñao, el tito Pepe y otros las mismas tonterías sin interés.

En resumen, un grupo humano (por decir algo) que podría haber salido en el vídeo del Thriller sin pasar por el departamento de maquillaje.

Ya decía Sartre que el infierno son los otros, lo que él no sabía, probablemente, es que además te los puedes encontrar a todos en un bar de carretera.

*La poza de la mierda era una divertida versión del infierno en la que el eterno castigo para los condenados era permanecer sumergidos hasta el cuello en una especie de piscina llena de un material que supongo que ustedes pueden imaginar, dado el explícito nombre del invento.

La “refinada” tortura se completaba con un diablo que blandía una enorme guadaña justo a ras de las heces, por lo que
para evitarla los pecadores tenían que sumergirse por completo durante un instante.

Y así una y otra vez por toda la eternidad.

Queda con Dios,

Carmelo

4 comentarios:

Strelnikov dijo...

Querido Carmelo,

¿Podrías dar el nombre y la ubicación del bar, para ir a hacer un reportaje fotográfico?

Hace ya algún tiempo que no se me ocurre a dónde ir a hacer fotos.

Francisco dijo...

Ve al de Pepe, el facha delirante de Despeñaperros, aunque yo allí me cuidaría de hacer fotos: te pueden romper las piernas.

Strelnikov dijo...

Francisco:

¿Te refieres a éste?
http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2005/320/1131739549.html

No parece que vaya a romperle las piernas al fotógrafo. Hasta tiene cara de buena persona :)

Francisco dijo...

Éste, éste. El bareto es para flipar, aunque yo no me vuelvo a dejar ahí ni un euro.