13 septiembre, 2009

La hoz y el martillo sí, pero de Bodum

Hemos andado muy ocupados con líos varios y no he encontrado el hueco para comentar la foto (o las fotos, si nos ponemos puntillosos) del acto de socialismo - diseño que ha inaugurado este curso político 2009 - 2010, aunque viendo la imagen pudiese tratarse de 1939 - 1940. Pero como hoy Pedro J. dedica buena parte de su carta dominical en El Mundo al evento, aprovecho para recomendarles la que la lean y hablar un poco del tema, oiga, que me he quedado con las ganas.



La cosa tiene, creo yo, dos lecturas simultáneas y no antagónicas aunque, eso sí, una más divertida que la otra.

Vayamos con la que tiene menos guasa: que a estas alturas de S XXI unos personajes públicos con diversos pero elevados grados de responsabilidad política tengan el descaro y la desvergüenza de ir cantando la Internacional y que eso no les cueste ni un voto ni una severísima reprimenda por parte de la sociedad civil debería ser un caso de estudio.

Yo entiendo que la cancioncilla y el puño en alto son partes de la liturgia y que, en un partido que un día te dice que bajar los impuestos es de izquierdas y otro que subirlos también lo es, qué menos que por lo menos respetar algo la liturgia, pero como con los puños en alto y entonando la Internacional se ha asesinado a unos 100 millones de personas en el pasado siglo sería exigible un poquito más de decoro y un muchito más de respeto por la gente asesinada en Katlin, Paracuellos, Kolimá o Camboya, a los muertos de las purgas estalinistas y de la Revolución Cultural, a los que fueron torturados hasta la muerte por los Jemeres Rojos, el NKDV o la Stasi.

Se ha comentado mucho la comparación que hizo Rajoy (y cuya génesis cuenta Pedro J. en su artículo) sobre levantar el puño en alto y el saludo fascista; bueno, más que comentar mucho, básicamente la izquierda divina ha saltado indignada como si les hubieran mentado a la madre. Pues bien señores, les guste o no, no es que sean cosas parecidas sino que la internacional y el puño son peores: ninguna canción y ninguna doctrina han costado tanta sangre y han causado tanto dolor como el comunismo y sus símbolos.

Y no es algo opinable, son datos. Así que puede que a ustedes les divierta, pero gracia, lo que se dice gracia, no tiene ni pizca.

El progretariado de luxe

La segunda lectura de las famosas imágenes es, como les decía antes, más agradecida y divertida y nace, sobre todo, de ver a las jóvenas dirigentas socialistas con el puño en alto, como quién levanta el mechero en el momento de la balada hortera de un concierto.

Por supuesto, esto va por Leire y mi bienquerida Bibiana, progretarias de toda la vida como dice Pablo Molina, que son capaces de cantar lo de la famélica legión sin descojonarse de la risa (aunque yo a la Pajín le veo una mueca como de estar aguantándose).

Para esto han quedado los símbolos de clase obrera en un país en el que ya no apetece ser obrero: para que los luzcan niñas de papá (¡hasta en lo político!) que lo más cerca que han visto una fábrica es cuando pasan por la carretera al lado de un polígono industrial y se preguntan: "¿Qué coño será eso que echa humo?"

Símbolos que se lucen, además, acompañados de zapatos de Loewe, cinturones de Hermes, vestidos de Carolina Herrera y joyas de Suárez. En resumen, que vengan la hoz y el martillo, pero que nos los diseñe Bodum que si no se nos jode el feng shui de la cocina.

PD.: La foto es de EL MUNDO y la tomo del blog de Santiago González, que digo yo que no se enfadarán ya que les he metido varios enlaces :-).

2 comentarios:

spartan dijo...

No se, creo que en España es difícil predicar con este asunto, los fachas son malos y los progretarios puño en alto, buenos. Y es lo que hay.

Esto sólo se puede ver aberrante desde fuera de España. Parece que sólo los paíse ex-comunistas han captado el mensaje, el resto seguimos con la camiseta del Che.

Francisco dijo...

Esto es todo cuento chino y no tiene la menor importancia, joé. Es como cuando los equipos españoles fichan a un coreano y dice el tío que él es de ese equipo desde los cuatro años.