12 agosto, 2004

Vértigo

Parece ser que son necesarias mayores cuotas de autogobierno y que hay que buscar una nueva forma de vertebrar España o, dicho de una forma más precisa, la parte de la península ibérica que ni es Portugal ni Cataluña.

He de decir que personalmente me resulta muy llamativo lo fácil que es crear un presunta “exigencia social” alrededor de las reivindicaciones nacionalistas. Pongamos un ejemplo: Cataluña disfruta de un estatuto que le concede amplias capacidades de autogobierno, que resucitó sus instituciones históricas y que le permite algunas veleidades como tener su propia policía. Son niveles de autogobierno propios, prácticamente, de un estado federal y desde la distancia uno diría que a) la gente estaba allí bastante satisfecha y b) ha sido más suficiente para garantizar unos grados de bienestar más que notables para la región.

Sin embargo, antes de las últimas elecciones catalanas todos los partidos del Parlament excepto el PP coincidieron en prometer un nuevo Estatuto de Autonomía. ¿Era una necesidad social? No lo parece puesto que ni las organizaciones sociales (sindicatos, patronales, asociaciones de vecinos…) lo habían pedido ni había recolectas de firmas ni grandes manifestaciones ni nada.

¿Por qué se centra entonces toda la acción política en algo que ni es necesario ni es reclamado por la ciudadanía? Básicamente por dos razones: para ponerse la careta de nacionalista, que es la que te hace quedar como un tío/partido guay; y para arrinconar al PP y, por aquel entonces, al gobierno central.

Ahora el nuevo mapa político parece que nos lleva no sólo a modificar los estatutos, sino también a cambios realmente sustanciales en la Constitución Española, pues la famosa inclusión de las nacionalidades históricas es, quizá el mayor cambio que se puede hacer a la Ley Fundamental, que en su preámbulo habla de una ley que se está otorgando la NACIÓN ESPAÑOLA, ni más ni menos ni menos ni más. Y de nuevo se nos venden las necesidades o deseos de determinados partidos políticos (sobre todo el PSC de Pascual I) como cambios imprescindibles.

España es ahora un país más próspero, más libre y más democrático que en ningún otro momento de su historia. La Constitución, siendo imperfecta como toda obra humana, tiene buena parte de culpa en ello pero ahora quieren hacernos creer que es preciso tirarla por el desagüe.

Bien pero, una vez las “nacionalidades histéricas” hayan alcanzado todas las competencias ¿qué justificará la existencia de partidos nacionalistas y que satisfará el nacionalismo por decreto de determinadas regiones? ¿Por qué sigue habiendo gente que cree (o quiere hacernos creer) que cediendo una y otra vez en aras del tan cacareado consenso los que viven de reivindicar dejarán de hacerlo?

¿Por qué hay quien se empeña en decirnos que lo mejor para no caerse de un precipicio es acercarse lo más posible al borde?

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