03 marzo, 2008

De debates, políticos, periodistas y democracia

Esta noche llegará el segundo cara a cara entre los principales candidatos a las elecciones del próximo domingo, así que me parece un buen momento para una pequeña reflexión sobre el tema.

No quiero hablar de quién ganó el anterior o de cómo deben enfocar su enfrentamiento de este lunes, ni siquiera de si estos debates televisivos tienen o no influencia real en los votantes.

No, lo que quiero ahora es reflexionar sobre la baja calidad democrática que estos montajes revelan, por desgracia, en todo nuestro sistema. En primer lugar por unos políticos que no entienden que debatir sus propuestas no es una graciosa concesión a medios y ciudadanos, sino una obligación si quieren ganarse la confianza de los votantes. Si hemos de elegir entre uno de ustedes, qué menos que tener la oportunidad de verles confrontando sus programas, sus ideas, su gestión y a ustedes mismos.

Y como no se trata de un favor que nos hacen sino que es una obligación democrática también están completamente fuera de lugar los listados de condiciones y el que los propios partidos organicen todo el tinglado negociando entre ellos lo que debería ser un formato estándar al que tuviesen que plegarse.

En Estados Unidos, Clinton y Obama han mantenido la friolera de 19 debates, si no he perdido la cuenta. Solos o con otros candidatos, respondiendo a las preguntas de periodistas (varios en cada ocasión), del público o hasta de los internautas. ¡Y todavía no son candidatos! No sé si las comparaciones son odiosas, desde luego son bastante deprimentes: aquello es una democracia, esto un mal remedo.

¿Tienen toda la culpa los políticos y los partidos? No toda: los periodistas también deberíamos cargar con la nuestra.

Porque es increíble que toda una profesión supuestamente tan influyente se pliegue a ese juego patético y se deje imponer las normas en algo que debería depender de su criterio profesional; porque es lamentable que los profesionales y los medios estén, estemos, tan polarizados que sea imposible confiar en tener un debate equilibrado y se tenga que elegir o vetar nombres o cadenas televisivas; porque es triste que haya periodistas que se presten a hacer de semáforo, sin lanzar una pregunta en hora y media, sirviendo sólo para dar paso.

En definitiva, como dice el refrán: entre todos la mataron y ella sola se murió. Sí, pobre democracia.

2 comentarios:

Israel "Yojimbo" Nava dijo...

En resumen: este país se ha conformado con la oportunidad de meter una papeleta en la urna y creer que las cosas mejoran o cambian.

Lo peor del todo es ser consciente de lo que cuentas y estar jodidos porque no tenemos fuerza para cambiarlo. Los que protestábamos con nuestra abstención, desaparecemos porque no se nos tiene en cuenta. Suma y sigue.

Hay que pensar mucho qué vamos a hacer con esa partitocracia.

Juan Fernando dijo...

Amigo Carmelo, no juzgues sólo por el espectáculo lo que es o no es una democracia (¿hablamos de cómo anda la separación de poderes hoy por allí, o de las amenazas a la Primera Enmienda, o de cómo llegó Bush al poder, o de cómo fue reelegido, o de la versión oficial del 11-S, o de cómo el Dios Dinero es allí el más poderoso caballero...?). Dejémonos de tópicos, y mira que te lo dice un viejo partidario de ese país.

Por desgracia hoy Estados Unidos está cada vez más en manos de los...

"Poderes lujuriosos"

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