23 octubre, 2008

Ayúdame, hijo de Satán; invítame, asqueroso capitalista

Curiosa la forma que tiene el Gobierno (o su representante en la tierra, que es Pepi... digo Don José Blanco) de granjearse apoyos e invitaciones: por un lado exiges y por el otro ofendes. No parece muy inteligente y ni tan siquiera tiene el glamour mafiosillo de la amenaza, ya que se queda en el simple y mero insulto, siempre con el tono, entre clerical y barriobajero, que tiene Pepi... digo Don José, de decir las cosas.

Hoy hemos visto esta llamativa estrategia en todo su esplendor en la entrevista que Susana Griso (también en todo su esplendor, todo hay que decirlo) le ha hecho al político socialista: para empezar le pedía al PP una ayuda que el "Partido Payudar" ya le había ofrecido, e instantes después se pone a rajar de Rajoy, "que a estas horas está en otra cadena y seguro que está metiendo el dedo en el ojo de Zapatero" y de los malos que son esos del PP que no hace más que criticar.

Pero por si eso no fuera suficiente, el siguiente objeto de sus iras ha sido aquel que se supone que tiene que invitarnos a la famosa cumbre de Washington: al mismo tiempo que se exige esa invitación se culpa al anfitrión de todos los males ("Estados Unidos es el epicentro de la crisis") y se asegura que sin nosotros y nuestra proverbial sabiduría económica aquellos gañanes no tendrán nada que hacer.

Aparte de esto, toda la que está montando el gobierno alrededor de la cumbre de marras es un espectáculo diplomático - patético como hemos visto pocas veces y que parece más propio de un adolescente lleno de granos al que la chica de sus sueños no le hace ni caso que de las más altas esferas de la política internacional. Hay dos posibilidades, o ya tienen apalabrada con cierta seguridad esa presencia y, por tanto, este suplicante arrastrarse por el fango no tiene otro sentido que ridiculizar al país; o, efectivamente, no hay nada más que negativas y estamos corriendo el riesgo de quedarnos fuera después de haber suplicado entrar, en lo que sería uno de los momentos más esperpénticos que se recuerdan desde las capitulaciones de Bayona.

Por otra parte, me sabe mal por la parte del "exitazo" que me toca como español, pero a larga lo mejor que podría pasarnos es que Zapatero se quedase en casa rumiando su derrota, tampoco creo que le fuesen a hacer mucho caso, pero ya habrá allí demasiadas voces defendiendo el socialismo en nombre de los excesos de un "capitalismo desregulado" que ya regulaban en exceso los mismos que ahora quieren aprovecharse de todo esto para mandar en lo poquísimo en lo que todavía no mandaban.