24 noviembre, 2008

Carbonell, en casa de toda la vida (por desgracia)

Josep María Carbonell es un político bastante típico de la "gauche meapilas" catalana, esa izquierda art decó, de tan cuidada estética como distraída ética, fervorosamente nacionalista y presuntamente católica, que parece convencida de que el décimo primer mandamiento es odiar a España sobre todas las cosas, de que la Moreneta no sólo parla català sino que en realidad no nació en Judea sino en l'Ampurdà y de que Montserrat es el centro del universo.

Es un hombre muy pulcro, que cada vez que aparece en la tele da la sensación de haberse duchado 10 minutos antes, que viste elegante y tiene una forma de lo más educada de hablar. Ahora, lo que dice... ¡ay lo que dice!

Dice las más variadas mentiras sobre su trabajo, sobre la institución que preside, sobre la presunta independencia de sus consejeros (ejemplos de independencia: ex alcaldes, ex diputados autonómicos, ex senadores, es directores de alguna de las radios que, casualmente, más licencias ha obtenido en el reparto...) y sobre la limpieza del proceso. Sin datos ni más argumento que su palabra, eso sí, pero con una convicción tan grande que no es que nos lo vayamos a creer nosotros, que tan tontos no somos, pero sí parece que él se traga sus propias bolas.

Y también dice ahora que hay que controlar un poco eso de internet, supongo que debe pensar que es un auténtico cachondeo sin que nadie otorgue licencias (con un proceso impecable y desde la más absoluta independencia, por supuesto) y con todo el mundo haciendo el cochino por ahí y sin acordarse de que eso es un servicio público, porelamodedió, así que debe ser férreamente controla... digooo, regulado con suma atención y máximo respeto, por politicuchos servil... digoooo organismos administrativos independientes como el CAC.

Por cierto, qué peculiar sentido de la oportunidad ha tenido nuestro caballero para sacar su librito unos días después de la concesión de licencias del CAC, decisión que él ya sabía que era polémica y que le podía tener de "turné" por las televisiones, haciéndose así un poco de publicidad gratuita aprovechando que el Ter pasa por Gerona. Otro ejemplo más de lo bien que entiende este hombre la cosa esa de la ética.

Pero he de decir que además de muchísimo desprecio el señor Carbonell me inspira una cierta nostalgia, supongo que porque es como el aceite, que está en casa de toda la vida. Y es que estamos tan acostumbrados a tener la casa, es decir el país, lleno de tipejos como él, liberticidas, manipuladores, serviles y corruptos, que uno ya no se hace a la idea de lo que sería perderlos de vista.

Lo mismo de siempre y él que se creerá de lo más moderno... ay que país.