04 noviembre, 2008

El paro y la protección del Gobierno

Se han hecho públicos hoy los terroríficos datos del paro del mes de octubre (y los de la afiliación a la Seguridad Social, que tampoco son mancos. Como bien contamos en Libertad Digital (y perdonen la cuasi autocita) el ritmo de la destrucción del empleo está alcanzado los peores registros que se recuerdan, duplicando los datos más duros de los 90, casi haciendo lo mismo con los de los 80 y sólo es comparable a crisis de los años 70 y 60.

Sí, sí, ustedes han leído bien y yo tampoco me he equivocado al teclear: hay que retroceder 40 años en el tiempo para encontrarnos una situación así.

Frente a este desolador panorama, nuestro presidente (que ya fue preparando el terreno ayer con una comparecencia inesperada anunciando medidas paliativas que no solucionan el problema de fondo) se ha decidido hoy por mentir y por hacer demagogia barata.

Sí, por mentir con todas las letras cuando dice que la tasa es la más baja de la democracia y olvida que en el último año hay 800.000 parados más, o cuando dice que en España trabajan 20 millones de personas el mismo día que la afiliación a la Seguridad Social se ha quedado muy cerca de los 19 millones.

Y en cuanto a la demagogia, me parece alucinante que el presidente hable de que el Gobierno protege a los parados. ¿El Gobierno? Será más bien el Estado, señor Zapatero, es decir, todos los contribuyentes que pagamos religiosamente nuestros impuestos. Además, ¿a qué llamamos protección? ¿A la prestación de menos de 800 € con la que los parados tienen que buscarse la vida? ¿A las políticas absolutamente faltas de eficacia que está poniendo en marcha para solucionar el tremendo problema del paro? ¿A pasarse más de un año mano sobre mano mirando como llegaba la crisis sin reformar el mercado de trabajo?

Lo peor de todo es que ni el Gobierno ni el Estado pueden proteger a los parados, nadie puede hacer que se sientan útiles por la mañana, nadie puede eliminar su preocupación y su angustia, nadie puede devolverles a sus compañeros de trabajo, sus pausas para el café, la sensación de ganar un sueldo y no un subsidio...

No intente proteger a los parados, señor Zapatero, mejor procure poner los medios para para que dejen de serlo, si es que sabe.