17 febrero, 2009

Bermejadas

Fernández Bermejo es sin lugar a dudas uno de los peores ministros del gobierno (difícil marca), no sólo en la apreciación personal de quién esto escribe sino que también en la de los ciudadanos, al menos según se refleja en los estudios sociológicos al respecto: en el último barómetro del CIS sólo superaba en valoración a Magdalena Álvarez (que es hors categorie en lo que a ministros desastre se refiere).

Atendiendo a algo más que las simpatías personales que pueda despertar tampoco parece que pueda ofrecer un balance de gestión demasiado positivo: tras no lograr cerrar ningún tipo de acuerdo con la oposición en la pasada legislatura y con un conflicto con los jueces en esta que ha dado lugar a la primera huelga de magistrados de la historia, no sólo parece que nada ha mejorado mucho en el ámbito de la justicia desde que él es ministro (por estas fechas hace dos años, por cierto), sino que se diría que ha habido un deterioro de la situación en prácticamente todos los frentes.

Por si esto no fuera poco, por si sus declaraciones habitualmente desaforadas o su tremendo sectarismo fueran poco, por si aquello de "cuando lo aconseje la jugada" fuera poco, nos ha obsequiado ya con dos escándalos de esos que en cualquier país civilizado le costarían el cargo y que aquí suelen servir para que en lugar de dimitir el político afectado se ponga más chulo: la millonaria reforma de su piso poco antes de las elecciones y ahora la famosa cacería con el juez que está instruyendo una causa contra sus rivales políticos.

Bermejo ha reconocido que la cacería pudo ser un error, pero no porque haya nada malo en ella (que va, malpensados, que sois unos malpensados) sino porque eso da la oportunidad al PP de escapar del fenomenal fuego cruzado de sumarios, autos, maledicencias y rumores al que le están sometiendo Garzón, el PSOE y los medios de comunicación afines (es decir, casi todos).

Pero por mucho que se empeñen en negar lo que es evidente, por mucho que Bermejo nos hable emocionado de su perrito Cocú, por mucho que intenten hacernos creer que el juez que está llevando una causa contra un partido político puede reunirse con el ministro de otro partido y con el jefe de la policía judicial y hablar del tiempo y del "hecho cinegético", por mucho que se esfuercen en que nos traguemos estas píldoras intragables esto huele a cuerno quemado (obviamente, de muflón) y, como en casi todo lo que hace el ministro de Justicia, se adivina tras ello cualquier motivación menos que resplandezca, precisamente, la justicia.

Y es que, cómo quieren que pensemos si ni tan siquiera tienen la decencia de pedir disculpas.