24 marzo, 2009

La falta de calidad

Se cree el Gobierno que todo el monte es orégano, que todo en su tarea va a ser tan fácil como sencillo es torear a la opinión pública española. Pero no, resulta que a los aliados de la OTAN que Chacón sea la primera ministra embarazada se la refanfinfla, resulta que Obama ya no se acuerda del apoyo de Pepiño y resulta que cuando se mete una pata en el plano internacional no hay televisiones públicas y privadas que desvíen la atención, ni radios o jueces que, oportunamente, echen un capote en forma exclusiva preventiva o sumario de sospecha.

Y en estas tenemos al Gobierno, sorprendido de que por esos mundos de Obama no aprecien lo cool que es tener una ministra – madre – pacifista y de que no se den cuenta de lo machista que resulta criticar a una mujer tan chic y tan eficaz (aunque no sepamos en qué es eficaz). Estupefactos se han quedado de que nadie allende nuestras fronteras aprecie la sutil estrategia de Zapatero, su capacidad como prestidigitador que saca una retirada tras otra de la chistera, ¡qué injustos son con él!

Eso sí, mientras llueve fuera dentro de casa pasamos una o dos semanas hablando de otra cosa, recibiendo críticas, sí, pero colgándose las medallas pacifistas que convengan.

Al final es una cuestión de calidad, de falta de calidad concretamente. ¿En el Gobierno? Por supuesto, incapaces como son de medir las consecuencias de sus actos y absolutamente enganchados a gestos y frases vacuas y a la encuesta diaria de intención de voto.

Pero, ojo, tampoco es de gran calidad una sociedad que permite cuando no alienta estos gestos y a la que se torea con tan poco, una sociedad que es capaz de comulgar con ruedas de molino solamente con que se las de una politiquilla que habla con cara de pena de “nuestras tropas” y a la que no se puede criticar porque es ministra y madre en la vida.

Pues eso, que lo que nos merecemos.