13 agosto, 2008

Pacimismo de chiringuito

He leído algunas cosas, no tantas como el asunto merece, sobre el estruendoso silencio que se ha expandido por las filas del pacifismo militante desde que Putin ha decidido imponer la paz en Georgia y ha elegido para ello un método como forrar a bombazos a los georgianos que, hay que reconocerlo, suele ser el más eficaz para esto de la paz.

Muchas cosas, decía, pero pocas tan bien escritas como las que se pueden leer hoy en el artículo de Ignacio Camacho en ABC, del que extraigo este párrafo como ejemplo:

Si hubiese sido Israel el atacante, algún bombardeo de represalia sobre Líbano o Siria, las cosas estarían claras. O si se tratase de alguna agresión de Estados Unidos a través de alguna nación títere. Coser y cantar: el imperialismo sionista o yanqui violando la sagrada tregua olímpica. Pero el asunto pintaba espeso y lejano; el Cáucaso, ese polvorín en el que siempre resulta tan difícil dilucidar quién tiene razón. El pacifista de guardia buscó en la prensa un mapa para orientarse sobre Osetia del Sur, y se encontró con un conflicto enrevesado de independentistas pro-rusos y un fondo oscuro de limpieza étnica.

¿Doble moral? Sí, al fondo a la izquierda.