10 mayo, 2009

El Kindle DX no es el futuro de los periódicos (pero se le parece bastante)

Dedico buena parte de la mañana del domingo a informarme del flamante Kindle DX, que ha sido presentado esta semana y ha ocupado un espacio bastante grande en los periódicos, en los que más o menos todo el mundo se ha preguntado si este dispositivo puede suponer una revolución en el mercado de la prensa.

La pregunta surge porque, al contrario que sus antecesores, este Kindle está concebido para la lectura de documentos de mayor tamaño, principalmente libros de texto y periódicos y revistas. Además, el propio lanzamiento del producto ha contado con la presencia de destacados ejecutivos de la editora de New York Times, que se han comprometido a facilitar el lector a un coste reducido a cambio de una suscripción de pago a alguno de sus medios.

El lector en sí tiene una pinta muy buena, con una pantalla de casi diez pulgadas (algo más de 24 centímetros), teclado QWERTY (como sus antecesores) y conectividad 3G y, algo importante que tampoco ofrecían anteriores modelos, wifi. Además permite leer documentos pdf sin necesidad de pasar por el peaje de conversión de Amazon.

También me parece bastante interesante la posibilidad de mover el dispositivo para leer en horizontal, algo que ya ofrecen muchos de los “teléfonos listos” del mercado y que en un lector de casi diez pulgadas permitirá leer documentos bastante grandes sin perder operatividad ni detalle.

¿El futuro de la prensa?

Buena parte de la discusión en los medios se ha centrado en si el Kindle DX y el modelo de negocio que proponen Amazon y sus socios (suscripciones de pago a los medios) es lo que salvará a las grandes cabeceras históricas de la prensa de papel, que ven cada día más amenazado su futuro gracias a esa revolución tecnológica llamada internet.

Personalmente, los modelos de negocio cerrados y con un fuerte componente de pago no me parecen el futuro, aunque tanto Apple como la propia Amazon han demostrado que pueden ser exitosos se me hace muy difícil que, con el tiempo, no se vean superados por alternativas con mayores niveles de compatibilidad y más abiertas (y la posibilidad de leer pdf del propio Kindle algo apunta en ese sentido…).

Por otra parte, creo que hay un error conceptual en buena parte de la discusión que el DX está generando, que los presenta como “aliados del papel”, si me permiten la expresión. En mi modesta opinión es justo al revés: este tipo de dispositivos no ayudará a frenar “la muerte del papel” sino que en caso de tener éxito acelerará su desaparición, porque a medio plazo no tendrá sentido leer en ellos ediciones pensadas para soportes estáticos.

Es decir, que los lectores electrónicos no serán meros buzones en los que recibir la edición del día del NYT, sino plataformas de lectura que nos permitan acceder a medios actualizados al minuto y con las posibilidades informativas que nos ofrecen los periódicos on line: textos e imágenes, sí, pero también vídeos, sonidos, interactividad…

Porque son los periódicos en internet los que gracias al Kindle DX y sus sucesores pueden encontrar nuevos campos para su expansión que hasta ahora estaba ocupados solamente por el papel: los lectores que se dirigen a su trabajo o a su hogar en transporte público; el que está de vacaciones en un pueblo sin kioscos pero con cobertura 3G (más de los que creemos los urbanitas); o los que se llevarán su aparato electrónico de lectura a lugares a los que nunca se llevaría un ordenador como la playa, la terraza de un bar o los asientos de un parque público.

El futuro pasa, en definitiva, por un mundo de información rica y variada a la que se accederá en movilidad y las pantallas de tinta electrónica pueden ser una parte interesante de él, pero que eso se desarrolle en modelos de negocio “tradicionales” de pago por contenido es algo que no está tan claro y que, a día de hoy, parece más cuestión de fe, porque verlo, lo que se dice verlo, no lo vemos por ningún lado.

Más información
Les dejo un par de artículos interesantes sobre el tema: uno de Juan Luis Chulilla y otro de Enrique Dans.