Hoy me ha sido imposible estar en la manifestación que ha recorrido las calles de Madrid a favor de la vida (y que por lo que he podido ver en periódicos digitales e incluso en informativos televisivos ha sido todo un éxito). 1. Un feto de 21 semanas mientras estaba siendo sometido a una operación intrauterina: 2. Una ecografía 3D de un feto de 13 semanas 3. Una ecografía 3D de un feto de 21 semanas 4. Otra ecografía 3D de otro feto de 21 semanas:
Sin embargo, no quiero dejar pasar el día sin hablar un poco del tema, así que aquí están cinco razones por las que no estoy a favor del aborto excepto en casos muy concretos:
5. Mi historia personal:
Cuando mi hija llevaba sólo ocho semanas en el vientre de su madre le hicimos una primera eco, un poco pronto por razones que no vienen al caso.
Todo estaba muy bien (nadie sabe lo que es la tranquilidad de verdad hasta que le dicen en una eco que todo está bien) y de repente empezamos a oír un rapidísimo latido que, amplificado por la máquina, sonaba a casi 200 pulsaciones por minuto en toda la habitación.
Era el corazón de mi niña.
A los tres segundos estaba un servidor de ustedes estaba llorando como una Magdalena y mi propio corazón se había disparado hasta casi la velocidad del pequeño órgano de mi hija.
Lo siento mucho y sé que no es algo científico ni estrictamente racional, pero no conseguirán convencerme de que ese corazón latiendo no era un corazón humano que daba sangre a un minúsculo pero humano cuerpecito.
PD.: Había olvidado enlazar con este excelente artículo de Albert Esplugas que sabe darle forma científica a lo que otros solo barruntamos sentimentalmente y, ya que estamos, al Manifiesto de Madrid que se ha leído en la manifestación que creo que también merece una lectura.
29 marzo, 2009
Cinco razones para no estar a favor del aborto
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8:05 p. m.
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Labels: aborto
22 marzo, 2009
Alaska y el aborto: “¿En qué estamos fallando?”
Parece que arrecia la polémica sobre el aborto y la nueva ley superprogresista y llena de derechos que quiere endilgarnos la bella Bibiana. Mientras mucha gente protesta Aido y sus conmilitones (y algunos que van por la vida de “yo soy más progresista y más liberal que nadie”) tienen dos reacciones que suelen sucederse en un escasísimo espacio de tiempo en una fórmula que casi nunca falla.
En primer lugar se sorprenden de que alguien pueda cuestionar algo tan estupendo y fenomenal como el aborto (que empieza uno a pensar que es poco menos que un placer sensual, como fumar); y acto después te acusan de meapilas irredento, de ser un asqueroso creyente cuya opinión no vale nada porque, como católico, es imposible que digas nada con sentido.
Esto último, que me parece mal por varios motivos, por supuesto por el empobrecimiento del debate que implica, pero es que además me fastidia especialmente que me lo adjudiquen porque no soy creyente y, desde el respeto, disto mucho de estar de acuerdo con la Iglesia en muchas cosas.
Por todo esto me parece interesante ir encontrando cada vez más opiniones que no ven con muy ojos ni la reforma tal y como se la está planteando ni el aborto tal y como se nos quiere hacerlo entender: un “derecho” y un método anticonceptivo más. Voces a las que muy difícilmente se les puede colgar en sambenito de carcas meapilas y esbirros de los obispos, como Alaska, que no sé si es creyente (ni me importa) pero desde luego no es el prototipo de beata de pueblo.
Y este sábado en EL MUNDO Alaska decía estas palabras sobre el aborto que, a mi juicio, son francamente inteligentes:
Yo creía que el aborto era algo antediluviano y tercermundista que en este siglo íbamos a superar. El susto es ver que no es excepción, sino norma. Me espanta. Llevamos 50 años con píldora, hay sida, condón, información... ¿En qué fallamos las chicas al explicarles a otras chicas qué es la anticoncepción o tener un hijo?
Antediluviano y tercermundista, ahí queda eso. Sólo añadir que no son sólo las chicas las que están fallando, lo estamos haciendo todos.
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10:54 a. m.
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14 marzo, 2009
Aborto: ¿Por qué todo el mundo se olvida de la adopción?
He estado toda la semana muy ocupado e incluso un par de días de viaje (ya les contaré más sobre eso) así que estoy aprovechando el sábado para leer algunas cosas e ir poniéndome un poco al día. Además, tengo multitud de temas pendientes desde que este blog se ha convertido, tras las elecciones del uno de marzo, en casi un monográfico sobre las consecuencias del los resultados de esas citas electorales.
Uno de esos temas es, por supuesto, la propuesta que la bella Bibiana ha hecho (siguiendo por supuesto las recomendaciones de los "expertos" que la propia Bibiana había elegido) para reformar la actual Ley del Aborto.
Vaya por delante que mi consideración del aborto no es muy positiva y que entiendo que los 100.000 abortos al año que se vienen dando en España son un terrible drama, pero precisamente esa cifra nos señala que la actual ley era más un fracaso que cualquier otra cosa y que el coladero del "tercer supuesto" no era otra cosa que una puerta para que en la práctica el aborto fuese libre.
En ese sentido, no puedo dejar de pensar que quizá una ley de plazos sea algo menos propicia al cachondeo y menos cercana en realidad al aborto libre, aunque para eso tendría que darse una voluntad política en su aplicación que me parece muy optimista esperar. Como me parece optimista pensar que, puesto que se dice que el criterio científico que se ha elegido para marcar los plazos es el de la viabilidad del feto, cuando los hechos científicos vayan variando y acortando el umbral de esa viabilidad la ley se modifique también.
Y luego está, claro, el tema de los 16 años, que está centrando con cierta razón el debate y la polémica. Hay dos cosas que me llaman la atención en el tema: la primera es como se sigue favoreciendo de forma descarada la formación de personas sin ningún sentido de la responsabilidad en casi todos los campos en los que se legisla o actúa el Gobierno, desde las fusiones de cajas en las que el máximo responsable de la quiebra de una de ellas es nombrado vicepresidente de la nueva entidad en lugar de pasar a trabajar en el economato de la prisión, hasta los estudiantes que van al siguiente curso con un saco de calabazas (si no lo envita el Supremo) pasando, por supuesto, por las jovencitas que podrán copular sin tomar precauciones y no tendrán que pasar, siquiera, por el trago de contárselo a sus padres.
Por otra parte, el contraste entre la libertad de la menor para abortar y su necesidad del permiso paterno para tantas otras cosas o su falta de responsabilidad en el plano legal es tanchirriante , atenta de una forma tan poco sutil contra el sentido común, que no puedo dejar de pensar que hay alguna razón poderosa y oculta para tratar de imponerlo.
Y es que me da la impresión en el fondo de todo esto, además de los prejuicios ideológicos de una izquierda caduca que piensa que cuanto más aborto mejor, ya que es algo que suele escocer a la derecha, está también el programa socialista de arrebatar a los padres cada vez más parcelas de su control sobre los hijos para entregárselas a un "papá Estado" que nos protegerá de todo para que nosotros podamos ir por la vida como entes sin responsabilidad ninguna por nuestros actos, un comportamiento que creo que está muy lejos de favorecer la libertad del individuo y muy cerca del borreguismo.
El olvido de la adopción
La segunda cosa que no deja de sorprenderme es como en casi todos los análisis la adopción ha desaparecido de la ecuación: todo el mundo plantea la cuestión como la disyuntiva entre el aborto o que la mujer (quizá sólo niña) cargue para toda su vida con un hijo no deseado, especulando además sobre la infelicidad que arrastrará ese niño ya que su madre lo odiará por haber venido a este mundo sin pedir permiso y contra su voluntad.
Pues no oiga, hay una tercera opción que creo que debe tenerse en cuenta: no acabar con el feto, dar a luz y entregarlo a una familia que seguramente cuidará de él y lo hará razonablemente feliz o, al menos, le dará la oportunidad de serlo. Sí, probablemente entregar a tu hijo es traumático, pero no veo por qué ha de serlo más que matarlo y tampoco creo que en muchísimos casos el aborto sea un proceso tan indoloro, incoloro e insípido como quieren hacernos creer: sin entrar en consideraciones morales o religiosas, sin necesidad de afirmar (o desmentir) tajantemente que el feto sea un ser humano, la promesa de una vida que hay en él creo que lleva la discusión a un terreno que está más allá de la extirpación de algo únicamente propio.
En resumen, no sé si el feto es un ser humano o si lo es a partir de cierto momento (aunque tengo mi opinión sobre ello), pero sí me parece claro que no es un simple órgano prescindible ni un tumor y no creo que ninguna mujer recuerde un aborto como algo similar a una operación de apendicitis.
PD.: Aunque luego he hablado "de mi libro" este artículo ha nacido al leer los dos post (este y este) que mi admirado Santi Navajas ha dedicado al tema.
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09 septiembre, 2008
¿Qué hacer con las cortinas de humo?
Esta claro, y hay cierta lógica en ello, que el PP ha decidido que su único/principal argumento durante esta legislatura va a ser la economía. A estas alturas supongo que ya sabrán (doctores tiene la FAES) el tamaño descomunal que va adquirir y el tremendo coste social que va a suponer, lo que parecen razones sobradas para apuntar con toda la artillería a un ámbito en el que el gobierno se encuentra atrapado a mitad de camino entre su propia demagogia y la escasez real de posibilidades de actuar con la que se encuentra.
Pero los dirigentes del PSOE, que pueden ser malos pero tienen poco de tontos, han empezando el curso político capeando de mala manera el temporal económico pero contratacando fieramente en ámbitos más políticos: así eutanasia, aborto y guerra civil vuelven al primer plano y, combinados con alguna que otra medida demagógica al estilo de los 400 euros que quizá se anuncie mañana, pueden ser munición suficiente para que ZP pase el otoño más o menos tranquilo, sobre todo si consigue aprobar los Presupuestos.
Se lamenta el PP de que todos estos asuntos son cortinas de humo para desviar la atención de la crisis y puede que tenga razón, pero eso no significa que se puedan orillar completamente y, por mucho que Rajoy, Cospedal y Soraya se pongan de perfil, vamos, van, a tener que hablar de aborto, de eutanasia y de todo aquello que se vaya inventando el PSOE para llamarles facha, carca y derecha extrema.
Y es que, por mucho que los panegiristas de guardia consideren que ya es imposible llamar a Rajoy radical, los insultos y las descalificaciones no dependen de la naturaleza del insultado sino de la imaginación del insultador; puede que el Rajoy de esta legislatura sea (todavía) más moderado que el de la anterior, de hecho ya casi podemos decir que más que moderado es tierno, pero hace unos meses tampoco era precisamente el ala radical de la vieja AP de Fraga (sí, ese que ahora es centrista y de Obama) y eso le daba igual a los del PSOE y a la prensa afecta al régimen.
En resumen, que por mucho que el PP adopte a Don Tancredo como ideólogo de cabecera eso no va a servir para tomar y mantener la iniciativa política ni, me temo, para que las encuestas sean más gratas. Pero ¿qué pueden hacer sin que les llamen fachorros y todas esas otras cosas que tan mal quedan en el club social? La cosa es a la vez sencilla y difícil: argumentar, luchar la batalla de las ideas y las razones, formular y defender sus propias propuestas sin miedo a que los de siempre digan lo de siempre.
Pero para eso, ay, haría falta tener ideas y coraje, y me da a mi que buscando por el centro poco vamos a encontrar de lo uno y de lo otro.
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6:08 p. m.
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05 septiembre, 2008
¿100.000 son pocos?
Actualmente, cada año se abortan 100.000 embarazos en España, según las últimas cifras. Más allá de la postura que cada uno tenga respecto al tema, me parece extremadamente complicado defender que es mejor que haya más abortos que tratar de reducir esa tremenda cifra. Sin embargo, la sensación que todos tenemos a estas alturas es que la nueva ley que está preparando la pizpireta Aído va justo por el camino contrario: el de estimular y favorecer que las mujeres aborten.
La elección de Bibiana es, por cierto, muy interesante para comprender algunas cosas alrededor de esta ley, en primer lugar como está entendiendo el tema el propio gobierno desde el punto de vista del marketing electoral: una operación para darse un baño de modernidad y, de paso, descolocar a una derechona que es tan fascista y carca como para no estar a favor de que se masacren indiscriminadamente fetos y, encima, ni es es tan mona ni viste tan bien como Aído.
Por el otro lado, vuelve a ubicar el tema del aborto como un asunto relacionado con la igualdad, lo que desde mi punto de vista es notoriamente demagógico: ¿realmente la igualdad de las mujeres pasa por un aborto libre y gratuito como el que se pedía en las manifestaciones antaño? Sinceramente, creo que hay asuntos más acuciantes, especialmente para las mujeres de otros países o, sin irnos tan lejos, para muchas mujeres musulmanas que ya viven entre nosotros.
Y lo peor de todo es que, ni desde el punto de vista de los más partidarios del aborto parece de verdad necesario poner en marcha esta operación, como esos 100.000 fetos demuestran, hoy en día abortar es de lo más sencillo y los tres supuestos de despenalización son en realidad un coladero que permite que cada uno haga de su capa un sangriento sayo.
Pero todo eso queda muy lejos de los intereses de nuestras fashion - ministras como Carme o Bibiana, a las que preocupan los trapitos de las soldadas o que ni mujeres ni médicos tengan molestias a la hora de matar fetos.
Otra cortina de humo, pero hay cosas con las que yo creo que no se debería jugar.
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1:40 p. m.
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06 febrero, 2008
¿En qué mundo vivimos?
En El año del gallo, libro del que ya les he hablado en otras ocasiones y que vuelvo a recomendarles, Guy Sorman nos cuenta algunas historias especialmente sórdidas de la realidad actual de China.
Una de ellas, probablemente la más terrible, era la relativa a los abortos: según Sorman se hacen sin ningún plazo legal (con embarazos de hasta ocho meses) y en ocasiones los fetos se arrojan en agua hirviendo para evitar cualquier posibilidad de supervivencia.
El colmo de la barbarie, ¿no? Pues sin llegar a ese punto de sadismo y salvajismo leo hoy una noticia que me hace pensar que en occidente no somos tan civilizados como nos gustaría creer: médicos italianos quieren reanimar a los fetos que sigan vivos tras el aborto.
Es decir, que hasta ahora si por un casual el feto sobrevive se le deja morir, sin más. Supongo que esta práctica es habitual en Italia donde según la noticia la ley no marca plazos máximos para abortos, pero teniendo en cuenta lo que se intuye y se sabe sobre lo estricto que es el cumplimiento de la ley en nuestro país...
Una de las áreas de la medicina en las que se ha dado un mayor avance en los últimos años en la neonatología, hoy en día es posible salvar la vida de un niño que pese un cuarto de kilo, pero estos datos objetivos y reales no se reflejan en el debate sobre el aborto, que sigue anclado en unos supuestos derechos, bien divinos por un lado, bien "a decidir" (sobre la vida de un niño?!) en el otro.
Y puestos a no escuchar a la ciencia, y ya que tenemos un sistema tan garantista para casi todo... ¿no sería cosa de serlo también en esto? ¿De ponernos del lado de los más débiles?
Pues parece ser que no, que todavía estamos preguntándonos si hay que ayudar a vivir a un feto o dejarle morir como no haríamos ni con un perro.
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5:43 p. m.
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Labels: aborto, China, Guy Sorman