31 agosto, 2005

Algunos fascículos que echo en falta

Fue llegar el 22 de agosto, lunes, y los anuncios televisivos de las vespertinas programaciones documentales y telenovélicas se llenaron hasta los topes de la nueva avalancha de fascículos coleccionables con los que las benéficas editoriales esperan que nos entretengamos ahora que el duro invierno está a la vuelta de la esquina y pronto se acabará lo de tomarse unas cañitas en las terrazas al caer la tarde.

Así que aquel que quiera ocupar su tiempo y gastar su dinero puede elegir entre edificar una villa medieval semana a semana con materiales de verdad (luego a ver donde coño la guardan, esto que no se lo compre alguien que viva en un piso de esos de Trujillo); sentirse como una princesa y construir (joder con las mafias del ladrillo) su propia casa/palacio de muñecas a lo Barbie Raputzel (o como coño se escriba, paso de ir a Google por eso); leer toda la literatura histérico-sectaria que está tan de moda: que si los cátaros, los templarios o los masones (para este hay que tener unos huevos como los del caballo del Espartero, la verdad); o una colección no menos exhaustiva de libros de la Guerra Civil, que entre unos y otros se ve que la han vuelto a poner de moda; todo eso sin olvidar, por supuesto, los fantásticos relojes de bolsillo, las teteras de la abuela y similares parafernalias que para lo único que sirven es para atraer y acumular cantidades ingentes de polvo.

Sin embargo, y aun a pesar de la abundancia y la variedad de la oferta no puedo dejar de echar en falta algunas colecciones que podrían sernos de utilidad y que, a mi modesto entender, tendrían además un notable éxito comercial. Por ejemplo, ¿para cuando una edición lujosamente encuadernada en símil piel que reúna las obras completas de la familia Bardem? Me refiero a libros, obviamente, no a películas.

Otra por la que ya no puedo esperar más: “Biografías de grandes demócratas”, compuesta por unos cuantos tomos en papel de excelente calidad y profusamente ilustrados que nos cuenten hasta el más nimio pormenor de las vidas de aquellos que han defendido la libertad en el S XX: La Pasionaria, Castro, Stalin, Ceaucescu… como editor pueden contratar a Carrillo que los conoció y los trató mucho a todos (pura casualidad).

También quedaría de cine en nuestras estanterías una cuyo título podría ser algo así como “Historia y gentes de las naciones que componen la nación de naciones”, que vendría a ser algo así como “Un país en la mochila” pero con barretina en lugar de boina y por escrito en vez de en la tele.

Por último, y rindiendo pleitesía a una de las cumbres intelectuales de nuestro tiempo… ¿Qué me dicen de “Los discursos de Zapatero en punto de cruz”? Yo creo que la conjunción de sabiduría política con pasatiempo manual sería una bomba que reventaría las listas de éxitos de fasciculilandia este otoño, no sé a qué está esperando Santillana para lanzarse a la aventura editorial, bueno, quizá es que quieren anunciarlo en Canal 4…

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30 agosto, 2005

Hola, soy Euskocoko

Y hoy he venido a hablaros, queridos galopines de Euskalherría, de la diferencia entre reunión discreta y reunión secreta.

Los padres de la patria vasca a los que debéis imitar (y votar cuando seáis mayores, pues) decimos que una reunión es secreta cuando nos juntamos con los terroristas asesinos a tomar unos txacolís y levantar unas piedras y no queremos que se entere ni el fantasma de Sabino Arana, ayvalahostia! ¿Ejemplos de reuniones secretas? Pues las que tuvimos antes de firmar lo de Estella.

En cambio decimos que una reunión es discreta cuando nos juntamos con los mismos terroristas asesinos (que en el fondo son gudaris de la patria vasca, ya lo sabéis queridos galopines y futuros jarraitxus) para escuchar a unos txistularis y bailar unos aurreskus y queremos que todo el mundo se entere que son nuestros amiguitos, pero preferimos que no se sepa lo que hablamos con ellos. ¿Ejemplo de reunión discreta? Pues las que tenemos con Zapatero en Madrid, ¿no? ¡Pues claro hostia!

¿Veis que fácil es la política vasca con Euskocoko? ¡De la hostia pues!

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¿Y que gracia tiene un encierro absolutamente seguro?

Las imágenes del tapón que se formó en el encierro de San Sebastián de los Reyes del pasado domingo son impresionantes, desde luego, así como la cifra de más de 60 heridos, alguno de ellos muy grave, pero creo modestamente que todas las airadas y urgentes reacciones al respecto son un excelente ejemplo de cómo estamos perdiendo un poco la perspectiva respecto a ciertas cosas.

Y es que parece que se ha generalizado tanto la idea del estado paternalista que todos esperamos que las autoridades se encarguen de protegernos hagamos lo que hagamos, aunque se trate de actividades voluntarias y, como parte de una fiesta o de nuestro tiempo de ocio, más bien innecesarias aunque muy divertidas, claro.

Obviamente, como espectáculo al que acude y del que participa mucha gente no me parece tan mal que los encargados de la seguridad pública establezcan una serie de normas y directrices para que aquello (o cualquier otra actividad más o menos de masas) no se convierta en un caos, para eso hay reglamentos y una presencia de los cuerpos de seguridad.

Pero el asunto es que un encierro es un espectáculo en el que la gente corre al lado de toros, que son animales peligrosos aunque que nos hayamos acostumbrado a ver en Pamplona (o en el propio San Sebastián) a los mozos a su vera como quien hace footing y que por mucho que se reglamente o se redacten normas seguirán teniendo la curiosa costumbre de embestir. Es decir, que siempre habrá un peligro porque hay variables que no estamos en disposición de controlar como que el bicho cabecee hacia allí o hacia aquí.

Quien corre un encierro, como quien practica el alpinismo o el puenting, sabe que su actividad supone unos riesgos que él tratará de minimizar pero que están intrínsecamente unidos a ella. Además, y aunque pueda resultar paradójico, tampoco hay que olvidar que esos riesgos son parte de la gracia del asunto y son un ingrediente más del atractivo que tienen para sus practicantes, porque si no fuese así se dedicarían al golf o a jugar a la canasta en una mesa camilla.

En resumen, que si hay heridos por cornada en un encierro… ¿dónde está la noticia?

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29 agosto, 2005

Las crónicas de Benivente: ¡Han robado la bandera!

Vuelvo esta misma tarde de mi última escapada veraniega a mi muy querido Benivente y no puedo esperar ni un minuto más para contarles el último escándalo que ha deparado la actualidad, no sé si llamarla política, de tan noble como leal villa.

Resulta que entre el 14 y el 18 del presente Benivente ha celebrado sus fiestas patronales en honor la Virgen de la Cueva (sí, la de que llueva que llueva) y este año el principal acontecimiento no ha sido que este o aquel se han quemado en las divertidísimas pero siempre algo peligrosas cordás; ni la habitual ruptura de unos novios fruto de un desliz verbenero; ni tan siquiera alguna de las muchas y muy patéticas anécdotas que nos suele proporcionar el señor cura para solaz y disfrute de los ateos practicantes… No, el notición del año ha sido que, amparado en la tranquilidad de la madrugada y sólo o en compañía de otros… alguien ha robado la bandera española del ayuntamiento.

En un pueblecito pequeño como Benivente cualquier acontecimiento supone horas de conversaciones y rumores en las esquinas y los bares, pero si el asunto está de alguna forma relacionado con la política o con las “fuerzas vivas” (el cura, el médico, los maestros, la banda de música, la cooperativa…) el debate/lucha alcanza unas cotas de calor que ni las peleas de Muhammad Alí.

La cosa se empozoña especialmente en todo aquello que se relacione con la política, aunque estas cosas y en mitad de las fiestas suelen tener más que ver con el consumo abusivo de el famoso café licor de Cerol y otras muchas bebidas espirituosas que realmente con las opiniones de cada cual sobre las res pública.

Se trata de una situación especialmente incómoda para quien ocupe en ese momento la alcaldía, y me atrevería a decir que todavía más si, como es el caso, el alcalde es del Partido Popular. Así las cosas el regidor de los destinos de Benivente ha demostrado escasa cintura y una alarmante falta de tacto político, tan necesario en cualquier pueblo pequeño y más aun en este. Para empezar se dio un grotesco paseo con la pareja de la Guardia Civil casa por casa de personajes que, a su entender, eran verosímiles autores de la fechoría, pero contra los que no había ni la más mínima prueba (una aventura digna de una película de Berlanga que lamento no haber presenciado in situ y a la que muy poca gente le ha sabido ver la guasa), pero por si esto no fuera poco se ha enfangado en discusiones personales contra otros posibles culpables (ya se sabe que todos los pueblos tienen una plantilla más o menos cerrada de sospechosos habituales, las más de las veces absolutamente disparatada e injusta).

Yo comprendo que un responsable público que se tome en serio su labor y ciertos principios como respetar las leyes se ve delante de toda una papeleta con un asunto como este, pero hay formas y formas de hacer las cosas: en democracia y en un pueblecito en el que todo el mundo se conoce es muy importante no perder los papeles y el del alcalde no es hacer una ronda con los civiles a ver si alguien confiesa el vil crimen o insultar a ciudadanos de su propia villa con falsas acusaciones.

No sólo el alcalde de Benivente, todos debemos aprender a defender nuestras ideas con elegancia, pues la firmeza no es lo contrario de la finura. Eso sí, cuando alguien aspira a un cargo público, por modesto que sea, ya debería haber superado la fase del insulto y la acusación sin pruebas, algo que en Benivente todavía no han logrado ni el gobierno ni la oposición, en manos no menos lamentables e irresponsables.

Por cierto, ¿por qué la política municipal suele ser refugio de mediocres?

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27 agosto, 2005

Una de cine: “Charlie y la fábrica de chocolate”

Tras ver el horroroso remake-castaña de “El planeta de los Simios”me dije que iba a estar complicado que me convenciesen para ir a ver otra película de Tim Burton, a pesar de que en el otro lado de la balanza no dejasen de esta la excelente, tierna, triste y divertida “Ed Wood” y la más irregular pero por momentos desternillante “Mars Attack”.

Sin embargo, la cartelera veraniega está más bien floja y, además, varias personas me habían hablado muy bien de ella, así que el pasado jueves me animé a ir a ver “Charlie y la fábrica de chocolate”. Pocas veces mejor gastados los seis euros de la entrada: la película es excelente, casi me atrevería a decir que excepcional.

Se trata de una adaptación de una famosa novela infantil escrita por Roald Dahl hace justo 40 años (sí, la literatura infantil existía antes de Harry Potter) y que desde entonces ha sido traducida a más de 30 idiomas y ha vendido millones de ejemplares. La historia que se cuenta es la de un chico pobre de una ciudad indefinida que vive con su estrambótica familia cerca de la inmensa fábrica de chocolate del excéntrico y genial chocolatero Willy Wonka.

Un día Willy Wonka, que vive encerrado en su factoría a la que no deja pasar a nadie desde hace años, decide realizar un sorteo muy especial: invitará a cinco niños a hacer una visita de un día a su famosa e inmensa fábrica y a uno de ellos le hará un regalo inimaginable. Los agraciados serán los que encuentren un buscadísimo billete de oro en el envoltorio de una de sus chocolatinas.

Los envoltorios premiados son encontrados por niños de lo más variopinto alrededor del mundo: un glotón de una familia de gordos alemanes dedicada a hacer salchichas; una malcriadísima inglesa hija de una especie de lord que piensa que todo lo puede comprar con dinero; el típico “friqui” de la informática y los videojuegos; la insoportable campeona del mundo de mascar chicle cuya obsesiva madre era majorette; y, por supuesto, nuestro protagonista Charlie. Todos se presentan a las puertas de la fábrica el día convenido con un acompañante (padres o madres y el abuelo de Charlie) y conocen allí al extraño Willy Wonka con el que empiezan su viaje por la sorprendente factoría.

La película entra entonces en su parte más imaginativa, quizá no la mejor porque las primeras secuencias en las que se nos describe la vida de Charlie y su familia son de una brillantez inusual, pero sí desde luego la más espectacular, con el impresionante mundo aparte que es la fábrica y sus curiosos personajes: el propio Willy Wonka, interpretado muy acertadamente por Johnny Depp, o los fantásticos Oompa-Loompas, una tribu de divertidísimos enanitos todos con la misma cara que son los únicos trabajadores de Wonka. Todas las escenas dentro de la fábrica están rodadas con un lujo y una riqueza de detalles extremos pero que Tim Burton se ha cuidado mucho que no entorpezcan ni quiten protagonismo al propio desarrollo de la historia, que el espectador irá siguiendo con interés de sorpresa en sorpresa, con muchos toques de ternura y no pocos de humor.

En definitiva, es una excelente película en la que prácticamente todo le ha salido perfecto al señor Burton, una delicia, mejor dicho, una golosina de la que van a disfrutar tanto los niños como los adultos. Si usted tiene hijos ya está tardando en llevarlos a verla, si no los tiene no espere más y vaya hoy mismo al cine.

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26 agosto, 2005

Otra civilización con la que estamos tardando en aliarnos

Encuentro a través de Periodista Digital una interesante noticia de BBC Mundo que ha despertado en mí el ansia que todos ustedes conocen por aliarme con cuanta civilización merezca la pena y me aporte ese plus de multiculturalidad que todos andamos buscando.

Se trata de Turmekistán, ese apasionante país en lo más recóndito de la antigua Unión Soviética que, entre otros hitos históricos dignos de señalar, acaba de prohibir la música grabada en prácticamente cualquier situación de la vida diaria (vamos, como para poner una tienda de “loros”).

Inexplicablemente y aun a pesar de haber recogido el apoyo de los líderes del mundo como Mongolia, Venezuela, Irán o Turquía nuestra muy querida Alianza de Civilizaciones de nuestro no menos querido presidente Zapatero todavía no ha recabado y obtenido el fundamental apoyo de Turmekistán, una civilización tan civilizada en la que el antiguo partido comunista se llama ahora Partido Democrático (sutil ironía) y es el único que está legalizado.

Una civilización tan civilizada que prácticamente lo único que se estudia en las escuelas es el manual, titulado algo así como “Libro del alma”, que ha escrito su presidente vitalicio Saparmyrat Nyýazow, en la poltrona desde 1985. Presidente que, por cierto, se dio a sí mismo el título de Turkmenbashi, algo así como “líder de todos los turcos” y se hace construir estatuas, algunas recubiertas de oro, en todos los pueblos y parajes de la república.

Una civilización tan civilizada, en definitiva, que ha tomado medidas como cambiar los nombres a los meses del calendario, cerrar hospitales y bibliotecas y que se preocupa de prohibir la música grabada hoy, pero que ya hace un tiempo prohibió la ópera y el ballet por considerarlos innecesarios.

Yo no sé como lo ven ustedes, pero a mi me parece que da perfectamente el perfil.

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25 agosto, 2005

Narbona, de mal en peor

La Ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, lleva un verano de lo más lucido. De hecho, lleva una legislatura espectacular: desde que ha llegado al gobierno lo más destacado que ha hecho ha sido posar con unas pieles y suspender el Plan Hidrológico Nacional (por cierto, esperando estoy a las famosas desaladoras y tiene pinta que mejor me siento), un balance de gestión que ni Winston Churchill cuando fue Primer Lord del Almirantazgo, vamos.

A principios del verano alguien le debió decir al gobierno que la cosa de la ecología les estaba quedando un poco desvaída, así que se sacaron de la manga y del gabinete de marketing un lujosísimo plan contra incendios en el que tenía que colaborar hasta la hermandad de gigantes y cabezudos de Villar del Río, amén de una docena de ministerios (por cierto, que para mí fue una sorpresa que hubiese tantos con lo desapercibidos que pasan).

Pero resulta que el plan era tan magnífico, extenso e inmarcesible que media España ha ardido este verano. No digo yo que de ello tenga la culpa el gobierno, al fin y al cabo y aunque tal cosa no le quepa en la cabeza a mucha gente los desastres más o menos naturales existen y, además, en ocasiones no son “culpa” directamente de nadie (o lo son de un hideputa puto que va por ahí con la lata de keroseno y las cerillas), pero queda un poco ridículo, por no decir un mucho, presentar la madre de todos los planes contra incendios y que se te queme hasta la alfombra del salón que, vistos los antecedentes, supongo que será de piel.

Algo de ese ridículo debe sentir la señora Narbona porque ahora se está dedicando a uno de los pasatiempos favoritos de este gobierno socialista: echarle la culpa a los ciudadanos, primero a los de Galicia y, por si eso fuera poco, después a los de toda Españ… digo todo el estado español (uyyy lo que ha dichoooo). Y es que ahora resulta que tenemos nosotros la culpa de que se queme el bosque porque “hay una enorme complicidad social con los incendios”. Como me imagino que ustedes yo también me he quedado pasmado por el tamaño de la bola: la verdad (y no hay que ser un gran sociólogo para saber esto) es que creo que hay muy pocos delitos que despierten en la población un odio similar al que despiertan los incendios provocados.

Pero no hay que dejarse engañar por el sentido común, ya que Narbona tiene esclarecedoras cifras al respecto: en los más de 18.000 incendios que llevamos este año sólo se ha detectado a 277 pirómanos. ¿No será señora ministra que el rollo de los pirómanos y la especulación inmobiliaria que nos sueltan cada año no es otra cosa que una monserga que les viene de perlas para tapar que el monte arde porque usted y sus similares en las comunidades autónomas no saben hacer su trabajo?

Sinceramente y sin acritud, como decía aquel, si no da usted la talla para ser ministra más le valdría irse a su casa en lugar de insultar a los ciudadanos que le pagamos el sueldo.

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Crónicas veraniegas: sudor y olor

Subí la otra mañana en el ascensor de mi propia casa y éste me recibió con una bofetada de un olor agrio, espeso y contundente. Lo sorprendente de la situación era que el ascensor estaba vacío, así que no me encontré con el “culpable” del hecho, pero me sorprendí de la ferocidad con la que el muy cabrón emitía sus feromonas dejándolas en el aire, como el amor, incluso minutos después de su paso por el reducido espacio de la cabina.

Sólo había dos explicaciones posibles: o bien el tío emitía unos efluvios más allá de todo lo humano, lo divino e incluso lo infrahumano, o bien no sólo olía como una mofeta sino que también se restregó desnudo por las paredes para marcar su territorio. En cualquiera de los dos casos el tema era de una nauseabundez tal que durante un segundo habría preferido que hubiesen rociado el ascensor de gas mostaza, cuyo nivel de toxicidad no debe ser muy superior al de los vapores a los que me veía expuesto.

Una vez recuperada con normalidad la capacidad respiratoria (aproximadamente una hora después) el acontecimiento me hizo reflexionar sobre otra de las plagas veraniegas a las que tenemos que enfrentarnos los habitantes de las grandes ciudades: la multiplicación del sudor y todo lo que ello conlleva en aquellas personas que no disfrutan de los niveles mínimos de higiene personal.

Y es que hay pocas cosas peores que un sobaco recalentado por días sin acercarse a los beneficios de la acción conjunta del agua y el jabón, situación que se agrava en el verano por dos razones: el obvio aumento de la sudoración, casi inevitable en el ser humano; y ligereza de los atuendos que sitúa la glándula emisora sobaquil a sólo una pequeña tela de nuestra pituitaria.

Siempre me he preguntado que impulsa a la gente a faltar a su cita diaria con la ducha, obligación higiénica que es además un placer como pocos en este mundo (hace unos años y tras una pequeña operación que me tuvo 15 días limpiándome como un gato recuerdo la primera ducha como un placer tan descomunal que me daba la sensación de estar infringiendo la ley), por más vueltas que le doy no puedo encontrar qué problema puede haber en ello que imponga a alguien los severísimos regímenes de alejamiento de la limpieza que algunos ocupantes del transporte público nos muestran alegrándonos las mañanas. Hay quien dice, es cierto, que ducharse en exceso es malo, supongo que según esos teóricos una capa de costrilla generalizada prevendrá de las picaduras de los mosquitos y mantendrá la humedad, como los baños de barro de los hipopótamos, pero personalmente doy bastante poca credibilidad a esas opiniones porque una cosa es que la razón la tenga el porquero de Agamenón y otra muy distinta que la tenga el propio puerco…

Por último se nos presenta a este respecto un interesante debate sobre las libertades individuales y sus límites, porque quizá uno sea muy libre de no limpiar su propio cuerpo pero, ¿somos libres de apestar al prójimo? ¿Hemos de sufrir como prójimos de un guarro el mareante olor agridulce de su sobaco reconcentrado? ¿Es más molesto y cancerígeno el humo de un cigarrillo que el efluvio de un colega que lleva quince días sin enjabonarse?

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24 agosto, 2005

¿En misión de paz y a combatir?

Creo que una de las principales características del socialismo de diseño que nos desgobierna es la capacidad para decir una cosa y la contraria en un lapso extraordinariamente breve de tiempo, incluso en algunas ocasiones en la misma frase. Otro rasgo destacado es su afición por hacernos comulgar con ruedas de molino. En ambos casos da gusto ver el arte que tienen para hacerlo y quedarse tan panchos, sin asomo de vergüenza o sonrojo.

De ambas técnicas nos ha dado hoy una lección magistral el Ministro de Defensa, José Bono, en su comparecencia parlamentaria para no explicar el accidente del helicóptero en Afganistán. Un paso por la sede de la soberanía popular del que, como nos temíamos, salimos tal y como entramos: sin saber nada y sin entender casi nada.

A lo que vamos, dice el señor Bono que los soldados españoles están en Afganistán “en misión de paz”, pero también apunta que han ido “para combatir al terrorismo”. Paz y combatir son palabras que resultan un tanto contradictorias, si recordamos que estamos hablando de militares el cacao mental ya es de primera. Y es que el gobierno utiliza las palabras “misión de paz” como un mantra que hay que repetir continuamente para alejarse de todos los males del militarismo, el belicismo y, sobre todo, el americanismo, que es lo peor. Se trata de una expresión confusa (según determinado punto de vista hasta las bombas de Hiroshima y Nagasaki eran “misiones de paz) pero cuando la recitan hasta la saciedad quieren que creamos que es algo así como un picnic dominguero al que van los soldados porque algo tienen que hacer pero en el que los fusiles, como en el poema de Whitman, descansan por los rincones.

Así que al final llega el ministro al parlamento y nos dice que no todo es paz, que también han ido a combatir al terrorismo. Por tanto hay combate y muertos (17 al menos) y viudas y huérfanos, hay dolor en suma, cosas todas que ya sabíamos pero que precisamente él se había empeñado en negar porque todo era una pulcra, higiénica y confortable “misión de paz”.

Luego están las ruedas de molino que fueron explicaciones sobre el propio accidente, cargadas de tecnicismos pero que, en la versión actual que eso sí se reservan modificar en un futuro, vienen a ser que un helicóptero en el que viajaban 17 soldados (es decir, que no es una mierdecilla como las que conducía Murdock en el Equipo A) es derribado por un viento de cola de 30 nudos, que son unos 55 Km/h. Si ese es todo el aguante que tienen nuestros helicópteros de guerra creo que ha llegado el momento de desempolvar los primeros autogiros de Juan de La Cierva o de pasarse al parapente.

Nos cuenta Bono que tras descrestar la contra de la antecresta (disculpen ustedes pero en esa parte marxista-grouchista de la explicación he de reconocer que me he perdido) y con ese vendaval de cola y volando a baja altura "un toque de tierra no es improbable". Si esto es así, supongo yo que el piloto lo sabría, que el viento de cola no le pillaría de improviso por muy racheado que fuera y que se podrían haber elevado para evitarlo. Parece ser que no.

Por otra parte, el segundo helicóptero hace una maniobra tan brusca que también lo lleva al suelo ya que el piloto percibe una situación de peligro, tanto peligro como para que su maniobra sea lo suficientemente radical como para provocar una caída, pero según Bono sólo habían visto el fuego y el humo del primer helicóptero, que debió entrar en barrena con una velocidad prodigiosa ya que el segundo venía a unos 200 Km. por hora unos 500 metros detrás y sólo vieron eso, humo y fuego, ni como la aeronave se desequilibraba, ni como caía ni nada. Nota para que se hagan ustedes una idea: según el taquímetro de mi reloj a 200 Km. por hora 500 metros tardan en recorrerse unos 9 segundos.

Señor Bono, yo no estoy en disposición de conocer lo que realmente ha podido ocurrir, pero su explicación resulta un tanto inverosímil y, cuanto más detalles conocemos por pocos que sean, más difícil se me hace creerle.

Queremos saber.

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Ni como ONG

A decir de muchos ideólogos de las relaciones internaciones (especie por cierto que se da hoy en día con una extraña abundancia, cual hongos otoñales) la actual ONU tal y como está debe ser algo así como el árbitro de toda relación y conflicto internacional, el órgano que da y quita legitimidades y que decida, por ejemplo, si las guerras son justas o injustas, legales o ilegales, legítimas o ilegítimas…

Uno piensa que para tener semejante poder moral debe tratarse de algo así como el no va a más de la eficacia y el paradigma de la decencia, pero en la realidad vemos que ni lo uno, ni mucho menos lo otro; pero pese a estos y otros “problemillas” y a algunos errores de concepto como que las dictaduras estén representadas al mismo nivel que las democracias se nos sigue vendiendo a la ONU como panacea de todos los males internacionales.

Y eso que, a cada nueva crisis que afrontan las Naciones Unidas, solemos ver diversos ejemplos de cagadas de todo tipo. Ahora la ONU está tratando de afrontar la desesperada situación de hambruna en Níger, que está llevando a la desnutrición y puede llevar a la muerte a millones de personas. Pues bien, ni tan siquiera como ONG la organización que lidera Kofi Annan parece que funciona con el mínimo exigible de eficacia, según denuncia nada más y nada menos que Médicos Sin Fronteras, que no creo que sea presa de los halcones anti-ONU de la administración Bush.

Así las cosas y abriendo los ojos a la cruda realidad… ¿qué hay de algunas dimisiones y de unos pocos cambios?

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23 agosto, 2005

Odón, a lo Gandhi

El señor Alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, ha dado sobradas muestras de maldad, oportunismo y cobardía durante su carrera política (que con un poco de perversidad algunos no dudarían en calificar de carrerón, en el peor sentido del término), pero de un tiempo a esta parte estoy empezando a pensar que lo que le falta no son dignidad, convicciones o arrestos, sino simplemente inteligencia.

Digo esto por las brillantes declaraciones que ha realizado hoy a Radio Euskadi en las que recomendaba a los muchachotes de Batasuna que se manifestasen “a lo Gandhi”. Vamos, me estoy imaginando a los “jarraitxus” y a Otegui por la Gran Vía vestiditos con los ropajes blancos que semitapaban a Mahatma y es que me descojono de la risa.

Porque supongo que el señor Elorza se referirá a eso, ya que no puedo encontrar más paralelismos posibles en el tema. Por ejemplo, las marchas y manifestaciones que el líder indio convocaba solían acabar con sus seguidores concienzudamente molidos a palos por la policía colonial británica, si es a eso a lo que se refiere he de admitir que no me parece tan mal que le midan las costillas a algunos salvajes de los que se dedican a quemar autobuses públicos y tal, pero no sé por qué dudo mucho que los esbirros de los terroristas estén entusiasmados por la perspectiva y tampoco estoy convencido del todo de que Elorza, siempre corriendo en socorro del más fuerte, se refiera a algo así.

Otra cosa que no me cabe en la cabeza, aunque con Odón nunca se sabe, es que quiera hacer un paralelismo entre la situación colonial de la India y el actual País Vasco. En cualquier caso, si utilizara la materia gris que debe haber bajo su espléndida calva se daría cuenta de que con declaraciones así le hace el juego a los que van de Gandhi (con la pistola en la mano, eso sí, un extraño tipo de “Mahatmas”) por la política vasca.

Claro, que si lo que el señor alcalde quiere decir es que todo quedaría más bonito si a los salvajes no les da por destrozar nada algo de razón tiene, aunque quizá alguien con su responsabilidad institucional lo que debería hacer es, en primer lugar, señalar que es intolerable que un partido político prohibido por ser parte de una organización terrorista vaya por ahí convocando manifestaciones y, en segundo, reclamar a las autoridades responsables que mantengan el orden, impidan el vandalismo y, caso de producirse éste, detengan a los responsables.

Pero a Odón eso del orden y la defensa de los bienes públicos y la propiedad privada debe sonarle un poco fascista, así que prefiere hablar de Gandhi y mantenerse equidistante de los dos extremos: el de los que matan y el de los que mueren o, mejor dicho, el de los que asesinan y el de los que son asesinados. Al fin y al cabo esa posición le da votos, cierta respetabilidad (o eso cree él) y encima no se juega el tipo lo más mínimo, porque otra cosa no, pero cómodo es muy cómodo el muchacho.

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Cambios y nuevos links

He introducido un par de cambios en la zona de la derecha de la página en la que se amontonan links y otras cosas a su disposición. En primer lugar un link para que todos aquellos que lo deseen puedan consultar mi Currículum Vitae, no es que sea tema de excepcional interés, pero si a alguien le pica la curiosidad solo es un clic.

En segundo lugar he dividido en dos secciones el epígrafe que dedicaba a enlaces a “blogs españoles” y que ahora se agrupan en “liberales” y “otros”. Obviamente la mayor parte de mis enlaces (que no son sino recomendaciones que hago a mis lectores y, por tanto, cosas que me gusta leer a mí) son liberales, pero también he procurado reunir algunas bitácoras de otras tendencias que me resultan intelectualmente estimulantes o que, directamente, no hablan demasiado de política.

En este segundo grupo están, junto con enlaces que son viejos conocidos (Arcadi, el Cuaderno sobre Internet y política, mi propia bitácora de viajes…), algunas novedades interesantes: el excelente blog sobre la cosa del periodismo, Periodistas 21; un par de miembros de la Red Progresista de la que hablábamos el otro día y que me parecen especialmente interesantes, Egocrata y Carmen; el muy bien escrito blog de David Iwasaki, Diario de un aspirante a tertuliano; y la difícilmente clasificable pero interesante bitácora de mi colega Mauro. Disfruten de todos ellos.

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22 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: Hijo, ¿te tocas?

Han sido años de descrédito, mentira institucionalizada y, por qué no decirlo, alegría zambombera, pero al final ha resultado que la Santa Madre Iglesia tenía razón, que cuando el cura y confesor le preguntaba a uno por sus costumbres autoamatorias tenía no sólo la lógica preocupación espiritual sino un encomiable interés por nuestra salud. Y es que, señores, pásmense ustedes porque resulta que hacerse manuelas nos deja ciegos, quién nos lo iba a decir a estas alturas, ¿eh?

Bueno, no es exactamente eso, pero casi. El caso es que según un sesudo estudio cuya publicación nos anuncia The Economist (y del que se hace eco Libertad Digital, que es donde lo he visto) ver imágenes pornográficas provoca ceguera y, obviamente, ese tipo de fotografías cuando se ven es para algo, ¿no?

Desgraciadamente, se trata de una pérdida de visión momentánea, de tan sólo entre dos y ocho décimas de segundo, y digo desgraciadamente porque siendo así resulta escaso castigo y no creo que sirva para que nuestros jóvenes y adolescentes se alejen del nefando pecado de Onán. Aunque ir quedándose ciego a poquitos no puede ser bueno y seguro que a la larga tiene unas consecuencias fatales para, por ejemplo, las hemorroides.

Yo, aunque ya hace mucho que no soy adolescente y tampoco me considero joven (que hoy en día a la gente le ha dado por decir que se es joven hasta los ochenta, pero eso es mentira señores: todo lo que sea estar fuera de la facultad ni es juventud ni es nada) les prometo que a partir de ahora ni una más, por Santo Tomás, y hasta para mear me la cogeré con guantes de látex. Y, como decía aquel, que Santa Cecilia nos conserve la vista…

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La Trini y el camino de Damasco

Trinidad Jiménez, secretaria de Política Internacional del PSOE, se ha despachado este fin de semana con unas declaraciones bastante sorprendentes en las que afirma que:

"Ahora es muy difícil dar marcha atrás, porque si se van las tropas estadounidenses y la coalición internacional, la situación de inseguridad seguramente será mayor y dejar a la población abandonada a su suerte sería peor”.
La frase no es que sea la repanocha ni premio del año a la originalidad, todos pensamos algo parecido de Afganistán o incluso de Haití, lo que pasa, oh maravilla, es que la Trini no estaba hablando de estos pacíficos lugares en los que las onegés militares (que horterada eso de lo ejércitos) se lo están pasando chupiguay mientras los indígenas les tiran pétalos de rosa a su paso, no, estaba hablando nada más y nada menos que de Irak.

¡Ayvalahostia!

La sorpresa, al menos para mi, ha sido mayúscula, porque la hasta ahora inconsistente y no demasiado brillante Trini (que lo único que ha hecho en su larga trayectoria dentro de la política es presentarse a unas elecciones y perderlas por goleada) nos demuestra con tan acertadas palabras que hay algo de vida inteligente más allá de la demagogia antiyanqui con la que nos suele obsequiar el gobierno. Y, por si eso fuera poco, lo hace enfrentándose a su propio jefe, Zetapé, que lo primero que hizo en cuanto le dieron el bastón de mando fue traerse de allí a los soldados españoles en una operación tan rápida y eficaz que si no fuese porque supuso una medalla para el Ministro de Defensa (luego rechazada, todo hay que decirlo) se diría que salimos corriendo como mediofondistas africanos. Es más, no fue otro sino el propio Zetapé quien, hace cosa de un año y en Túnez, vino a decir cuando le preguntaron por el tema algo así como que maricón el último y recomendó a los demás países que siguieran el ejemplo hispano, no recuerdo si porque la guerra era ilegal, ilegítima e injusta o porque el deporte es muy sano y todos los países deberían salir corriendo de algún lado de vez en cuando.

¿Se habrá caído del caballo ella solita o ha sido todo el Partido Socialista el que ha visto la luz y la han comisionado a ella, que es tan mona y tan moderna, para decirlo? ¿Veremos de nuevo a la cabra de la legión triscando por las planicies mesopotámicas? ¿Jugará alguna vez Woodgate en el Madrid? ¿Dimitirá Moratinos y se retirarán al desierto como un Abdel Krim cualquiera para ser sustituido por la Trini con una bandera yanqui cosida en la espalda de su chupa de cuero?

Como ven, la actualidad viene cargada de interrogantes…

PD.: Los colegas de Ajopringue también siguen el tema.

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21 agosto, 2005

100.000

Quizás es sólo una cifra como otra cualquiera, pero creo que su redondez le da un carácter simbólico. También su magnitud, que algunos podrán considerar enorme y otros ridícula y que para mi no es ninguna de las dos cosas, pero sí rebasa con mucho lo que esperaba de todo esto al empezar a escribir, allá por febrero del 2004.

Y es que este blog que están ustedes leyendo alcanzó ayer las 100.000 páginas vistas desde su creación, por lo que he decidido escribir este pequeño artículo con el que quiero matar varios agradecimientos de un tiro: en primer lugar a los principales culpables, ustedes, que día tras día entran, leen, comentan e incluso enlazan de vez en cuando las chorradas que se me ocurre escribir. Como suele decirse, sin ustedes todo esto no significaría nada etcétera… Me perdonarán que no me extienda mucho más pero estoy seguro de que me saldría algo demasiado cursi, así que mejor no intentarlo siquiera. Espero que entiendan que no es por falta de sentimiento sino más bien por todo lo contrario.

Otro agradecimiento que no puedo dejar de hacer es a Red Liberal, a todos los compañeros que forman parte de ella y muy especialmente a Daniel, el principal “culpable” de la idea. Sin esa paginita de marras reducto de facciosos liberales como yo (algunos incluso más liberales y más facciosos ;-) tampoco habría sido posible alcanzar esta hermosa redondez.

Y por último, aunque suene un poco raro, tengo que darle las gracias al propio blog, que me ha dado muchas más cosas de las que esperaba encontrar aquí: no poca salud mental en determinados momentos; descubrir el placer de escribir a diario (que a veces también es tortura, claro); conocer a gente estupenda y que mucha de esa gente aprecie mi forma de escribir (o al menos que me mientan al decir que esto o aquello les gusta ;-); pequeños placeres vanidosos como que me enlacen de vez en cuando desde la blog zone de Periodista Digital

Han sido muchos artículos (más de 600 según blogger), decenas de temas y no pocos comentarios y debates, un largo viaje, en suma, que pasó ayer por un punto que al menos para mí tiene cierto significado: significa que les debo, como mínimo, 100.000 gracias.

Pues eso, dadas sean.

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20 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: bellas de estío

Dice el refrán que la primavera la sangre altera, lo malo es que uno ya no se puede quitar la alteración hasta el que el frío de diciembre nos congele el cerebelo (y hay años que ni así) y, sobre todo durante el verano y con eso de la calor, se mantiene la hemoglobina con unos niveles de anormalidad como si viviésemos al lado de Chernóbil.

Así que muy a nuestro pesar nos pasamos estos calores agosteños sufriendo del singular mal de la erección mental y, por si no tuviéramos suficiente con la explosión de bikinis, escotes, microfaldas y demás prendas pecaminosas que pueblan nuestras playas, piscinas y calles, somos acosados desde la televisión y “la internete” por las bellas de estío, esas mujeres de veraniega hermosura que se nos presentan con la sensualidad refrescante de una pinta de cerveza extremadamente fría servida en una jarra que estaba también en el congelador.

Este verano ha habido dos apariciones de éste tipo que han turbado especialmente mi paz espiritual y monástico recogimiento, una fugaz como las perseidas, la otra algo más permanente aunque los hombres de bien como yo lo mejor que podemos hacer es evitarla como evitaríamos al mismísimo Satanás.

Se trata de la jovencísima (¡ay!) actriz María Valverde, que nos deslumbró como un flash en uno de los encuentros digitales de El Mundo, aparición tan breve como gloriosa e impactante; y de la concursante de OT Edurne, cuyas actuaciones con melena teñida y ombligo al viento tienen al personal más que impactado y para la que preveo un rápido y brillante camino hacia el éxito (advierto que me he cuidado mucho de oír como canta y, es más, no me importa una mierda).

Si, supongo que muchos de ustedes pensarán que no es para tanto, que son chicas monas (eso es bastante inobjetable) pero tampoco diosas a las que rendir tan descarnada pleitesía. Como casi todo, es cosa que va en gustos, personalmente me descoloca más cierto tipo de belleza de ir por casa, más real que la de una Schiffer, por ejemplo, cuya exuberancia germana me parece demasiado exuberante y demasiado germana para ser cierta. No, prefiero la naturalidad joven y osada de María, su descaro de casi lolita y su mirada de “ya me he dado cuenta de que me miras y no deberías (pero me gusta)”; o la frescura mucho más inocente (aunque no del todo) de Edurne, que baila enseñándonos esa barriguita como si no supiera que tiene más peligro que la carretera con curvas por la que Cary Grant bajaba conduciendo borracho en “Con la muerte en los talones”.

¡Ay! Ya lo decía Calderón:

Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser,
pues cuando es muerte el beber
bebe más, y desta suerte,
viendo que el ver me da muerte
estoy muriendo por ver.

PD.: No me negarán ustedes que cada día es más difícil ser un viejo verde y no perder todo el estilo (y la dignidad) en el intento.

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19 agosto, 2005

Un acto simbólico falto de símbolos

Ayer estuve siguiendo por televisión el homenaje celebrado ayer en la base aérea de Getafe para recibir los féretros de los 17 militares españoles fallecidos el pasado martes en Afganistán.

Dos cadenas emitieron en directo acto: la primera de Televisión Española, con locución incluida de su presentador estrella Lorenzo Milá, y Telemadrid. En ambas se apreció lo difícil que es una retransmisión en vivo de un acto para la que no vale ningún guión previamente escrito: todos los periodistas estuvieron más bien romos y no aportaban demasiado interés a las imágenes, pero la palma se la llevó en presentador de la cadena pública que en un momento de fervor (supongo) aseguró que el acto era presidido por el Presidente del Gobierno, olvidando que todo acto en el que esté el Rey no puede ser presidido por otra autoridad que él mismo.

Aparte del patinazo de Milá, que como somos buena gente lo calificaremos de leve, me llamó la atención como a todo el mundo la ausencia del himno nacional, que me parece tremendamente feo, como a todos, pero es el nuestro y no creo que haya mejor ocasión para oírlo que esta, frente a los cadáveres de 17 españoles que nos representaban y defendían el buen nombre de España en tierra extraña.

Del mismo modo, si uno se fija en todo el acto, también llama la atención la escasa presencia de la bandera española. Sí, ya sé que cada uno de los 17 ataúdes llevaba una encima, pero además de que ésta no se veía bien no recuerdo ahora ni un solo plano de una bandera española ondeando, supongo que alguna habría en la base pero no se situó cerca de las autoridades ni tan siquiera a tiro de una imagen fotográfica o televisiva.

El actual gobierno es muy amigo de la simbología, pero parece que sólo de la suya: de los actos simbólicos, las visitas de compromiso, las reparaciones históricas y las palabras rimbombantes que al cabo poco o nada significan. Creo que ayer debía de haberse usado algo más de simbología para hablar del país en cuyo ejercito militaban los 17 fallecidos y cuya bandera juraron: España, y reflejar así el esfuerzo que como sociedad estamos haciendo en Afganistán en aras de la paz y la democracia y también, por cierto, en contra del terrorismo (que viene a ser lo mismo).

Al paso que vamos el único símbolo nacional que nos quedará será la selección de fútbol (en cuyos partidos sí se oye el himno, vaya), y bien parecen entenderlo esto los independentistas que en nombre de la pluralidad quieren sus propias selecciones, esos sí que no dan puntada sin hilo.

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Lectura ideal para Bono (el cantante) y para casi todos (incluyendo al ministro)

Juan Ramón Rallo ha realizado una excelente entrevista a June Arunga que mucha gente debería leer, empezando por el cantante Bono y terminando por usted, querido lector. Supongo que se preguntarán ustedes quién es la señorita Arunga, pues se trata de una joven periodista africana que tiene unas ideas la mar de interesantes sobre como hay que solucionar el eterno problema de la pobreza en su continente, por ejemplo:

Sólo los africanos saben en qué posición se encuentran ahora; sólo ellos saben que pasa en sus sociedades, cuál es el estado mental de la gente... Pero tienen que entender y aprender cómo se gana el dinero. Lo que África necesita es más millonarios; la gente tiene que ganar dinero y no pedir a gobiernos extranjeros que atraquen a sus ciudadanos para que les envíen su dinero en forma de ayuda.
Es vergonzoso y parece una broma. Si tú no quieres ser colonizado o esclavizado, ¿por qué pides a gobiernos extranjeros que fuercen a sus ciudadanos a entregarte su dinero? Sería mucho más sencillo decirles a los Estados occidentales: vuelvan a colonizarnos, esclavícennos, no podemos prosperar y cuidarnos por nosotros mismos.
O mejor aún:
[Condonar la deuda externa] Es una mala idea. Es mala porque acarrea el mito de que los africanos tienen un derecho sobre el resto del mundo. Lo que diría a la gente que tiene buenas intenciones proponiendo estas cosas es que, como africana, queremos hacer negocios y tener relaciones con vosotros; pero al final de la transacción quiero quedarme con mi dignidad.
El propio Juan Ramón enlaza la entrevista desde su bitácora por lo que muchos de mis lectores, asiduos también de Red Liberal, ya la habrán visto, pero me parece tan interesante que no quiero dejar de recomendarla. Pueden encontrar un resumen muy fácil de leer en Libertad Digital y la versión completa en Liberalismo.org.

PD.: Impagable el momento en el que le cuentan a June Arunga lo de la Alianza de Civilizaciones y dice que nuestro Presidente es “muy ingenuo”.

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18 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: los estudios “científicos”

El verano es época de holganza, becarios, mucho calor y escasa noticia, así que es el momento propicio para que llegue a las páginas de nuestros periódicos un tipo de información que hace las delicias del aburrido periodista que ya no sabe que publicar para llenar hueco o para actualizar un poco la web: el estudio “científico” de la Universidad de Güisconsin, por poner un ejemplo, que tras años de análisis, pruebas de campo y experimentos en ratones de laboratorio nos descubren… lo que todos ya sabíamos.

Pongamos un ejemplo extraído hoy mismo de las páginas de la versión digital de El Mundo: una gente muy inteligente y con sus títulos y tal (supongo yo) han tenido que entrevistar a un centenar de parejas para darse cuenta de que si uno de los miembros está jodidísimo de la espalda (tengo entendido que la lumbalgia es un dolor francamente inhumano) su compañero/a lo pasa fatal, oiga. No sólo eso, han logrado certificar que cuanto más jodido está el enfermo peor lo pasa su media naranja.

Brillante, inconmensurable, homérico, en suma, "científico".

Nos encontramos en estos casos ante dos paradojas: primero la necesidad del estudio en sí, que puede referirse a este apasionante tema o a otros del estilo de evaluar las posibilidades del Polo Norte para la cría de perros pekineses o a como afecta la programación televisiva al mejillón de roca.

Y en segundo lugar al hecho de que la solución al entuerto se la sabe hasta el tato mucho antes de empezar, es decir, no hay que ser el Einstein de la sociología para saber que si alguien vive amargado por un dolor los que están a su alrededor lo pasan mal, como tampoco hay que ser biólogo (como Ana Obregón) para estar bastante seguro de que si le abres la cabeza a un mono de un hachazo tiene complicado el tema de sobrevivir, por poner otro ejemplo.

Yo me barrunto que la mayoría de estos compendios del saber están subvencionados bien por dinero público bien por la fortuna de un incauto de esos que tienen tanta pasta que no atinan a contarla, porque no es posible que alguien se gaste su propio dinero en tamañas tonterías.

Mientras tanto y por si a alguien le sobra la guita, estoy preparando un estudio definitivo sobre las costumbres de la rata de alcantarilla con el que, tras analizar sus costumbres en el metro de Nueva York durante tres años, creo que podré demostrar que a tan curioso e interesante animal le gusta la basura.

¿Me das un Euro, paaaayo?

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17 agosto, 2005

La coalición de gobierno a punto de romperse (o quizá no)

Veo a través de Batiburrillo que el Diputado de Izquierda Unida Antonio Romero se ha despachado a gusto contra el gobierno (el mismo que su partido apoya en las Cortes) a raíz del desgraciado accidente (o no accidente) del helicóptero en Afganistán. Según Romero “las alfombras de la Moncloa están manchadas de sangre” por culpa del seguidismo de la política norteamericana que mantiene Zapatero.

Los cinco diputados de Izquierda Unida en el Parlamento son importantes para mantener la estabilidad del gobierno, que sin ellos se queda en los 172 escaños (164 del PSOE y 8 de ERC) y necesitaría llegar a acuerdos con otras fuerzas como CC o el BNG, ni tan siquiera le bastaría con los dos diputados de su socio en Galicia.

Porque digo yo al leer tan mesuradas y sabias declaraciones que IU no colaborará con un gobierno cuyas alfombras están manchadas de sangre, ¿o quizá sí? Dicho de otro modo: ¿cuánto nos va a costar a los españoles la tintorería de las moquetas monclovitas?

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Alguien me debe una explicación

Parafraseando la genial escena de “Bienvenido Mister Marshall” alguien me debe una explicación y ese alguien que me la debe, que no es otro que el Presidente del Gobierno, me la tendría que dar.

Y es que tras la terrible desgracia del fallecimiento de 17 soldados en Afganistán tanto al Ministro de Defensa como a su jefe de Gobierno se han desecho en elogios al ejército y a la labor que viene realizando en sus diversas misiones en el exterior: Bosnia, Kosovo, Haití… Por supuesto me uno a esos elogios y expreso aquí mis más sinceras condolencias a las familias de los fallecidos, a sus compañeros y a sus amigos pero, ¿no falta nada? ¿No nos estamos dejando ninguna misión en el exterior?

Según Zapatero los militares españoles en Afganistán están “dando la vida por defender la libertad y la paz, valores supremos con los que estamos comprometidos los españoles”, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo. Incluso llega a describir más concretamente las tareas de nuestros compatriotas en un párrafo de su declaración institucional que me parece particularmente interesante:

“Día a día protegen a la población civil, atienden a la mejora de sus condiciones de vida, se ocupan de sus necesidades sanitarias e impiden la acción criminal de los grupos empeñados en impedir el asentamiento de la democracia en aquel país. En este quehacer se han ganado el merecido respeto y el afecto de la comunidad en la que viven.”
Maravilloso, señor Presidente, pero resulta que ese párrafo me parece que puede aplicarse no sólo a nuestras misiones en Afganistán, Kosovo o Haití, sino que también valía, y muy especialmente a mi entender, para lo que hacían nuestros soldados en Irak: defender a la población de los terroristas, reconstruir el país, preparar y ayudar a que llegue la democracia.

¿Dónde está la diferencia? ¿En la aprobación de la ONU? Pues no, pues la ocupación está avalada, por ejemplo, por la Resolución 1511. ¿En la aprobación del Parlamento Español? Tampoco, pues la misión fue votada, a petición del PSOE por cierto, obteniendo una holgada mayoría absoluta de 185 escaños, uno más de los que tenía el PP.

Señor Presidente, creo que me debe una explicación, no entiendo que si estos soldados son héroes, que lo son, los otros que hacían lo mismo y que en algunos casos también se dejaron allí la vida fuesen villanos.

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16 agosto, 2005

La Red Progresista y el neoliberalismo

Como hoy mismo apunta Daniel en 1812 y el otro día nos contaba con su habitual agudeza Franco Alemán en Barcepundit ha nacido no hace mucho un blog colectivo cuyo no muy afortunado nombre (es mi opinión y la expreso con respeto, si a ellos les gusta hacen bien en usarlo) es Red Progresista: somos de izquierdas. En él se reúnen una serie de autores que tratan de hacer honor a la segunda parte del título del blog.

Me parece estupendo que nazcan blogs de las más variadas tendencias y les doy la bienvenida a la blogocosa española (aquí me acabo de marcar una sobrada: ni que tuviese yo las llaves como San Pedro las del cielo) pero me voy a permitir hacerles una pequeña recomendación: está muy feo eso de hacer un espacio de comentarios para los autores y otro para el “populacho” y, además, creo que es muy poco útil. Desde mi modesto punto de vista si los autores tienen tantas cosas que comentarse lo mejor sería que se hiciesen una lista de correo pero a mí, por ejemplo, esa separación me quita las ganas de participar y da una imagen un poco clasista que resulta como muy poco apropiada. Por supuesto, es su blog así que ya harán lo que les de la gana como yo hago en el mío.

Bueno, aparte de todo esto (y espero que si me leen se queden más con la bienvenida que con la reprimenda/recomendación) quería comentar este site por la curiosa discusión que se ha dado hoy en ese elitista espacio de comentarios para los autores alrededor de un artículo publicado por Egocrata, lector y comentarista ocasional de esta página que tienen ustedes delante y uno de los bloggers de izquierdas que me parecen más cabales (aunque viva en el error, como diría el difunto Luis Carandell).

El caso es que Egocrata se ha atrevido a afirmar que el neoliberalismo, fuente satánica de todos los males como ustedes bien saben, en realidad no existe y que cuando la izquierda le echa la culpa hasta de la muerte de Manolete no hace sino perder la argumentación (y las más de las veces los papeles, añado yo) por usar algo que no encontramos en la realidad, un “monstruo mitológico” como él mismo lo denomina.

El artículo en cuestión contiene no pocas verdades y la argumentación está bastante bien desarrollada, pero creo que se ha acercado demasiado a la verdad (vean si no este párrafo: “Usar la palabra "neoliberal" o "neoconservador" como justificante que algo es malo es un recurso extremadamente perezoso, falaz y que no lleva a ninguna parte. Es recurrir a un hombre de paja para criticar algo, no entrar a señalar un mal real. Hay muchas políticas erróneas, inmorales o equivocadas ahí fuera, pero gritar neoliberal y señalar con cara airada no lleva a ningún sitio”.) así que, como podrán leer en los comentarios de los que hablábamos, sus propios compañeros le están llamando de todo menos guapo y, sobre todo, están mostrando su escaso apego por un uso de la terminología con un mínimo de racionalidad, es decir, a esa extraña cosa que podríamos denominar verdad. Al lector que como un servidor llegua desde las tinieblas exteriores a dicha sala VIP le da la sensación de que la consigna es algo así como: “no jodas Egocrata, con lo bien que nos viene esa palabra para descalificar sin tener que pensar más”.

Leyendo el buen artículo puede uno pensar que, parafraseando con la sana mala intención que nos caracteriza, “otra izquierda es posible” (básicamente nos estamos refiriendo a una que piense) y eso no deja de ser una buena noticia para todos. Al llegar a los comentarios vemos que quizá sea posible, pero va a ser muy difícil.

Un abrazo para Egocrata (que te juro que no quiere ser el del oso, aunque habrá quien así lo interprete) y enhorabuena por un buen artículo y por tu honestidad intelectual.

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15 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: el bricolaje

Uno de los fenómenos que propicia el desplazamiento de los urbanitas a sus lugares de vacaciones es la aparición de esa plaga bíblica llamada bricolaje. Y es que como ya decíamos por aquí hablando de otro tema las segundas residencias son una especie de campo virgen para la ñapa en el que todo está por arreglar, apretar o modificar. Este desbarajuste doméstico se une a la conjura de los servicios de reparación en los pueblos (véase electricistas, fontaneros, pintores y demás) para que, impulsado además por las hembras a su alrededor, el ejemplar macho del homo sapiens urbanita se arremangue y se ponga a reparar.

Porque el bricolaje de verdad, queridos lectores, no es esa especie de sueño inverosímil que nos venden unos muchachotes muy lozanos en televisión que un día te dicen como hacer un horroroso cubremesa de jardín y a la semana siguiente, ayvalahostia, construimos en un pispas un estadio olímpico, pues. El verdadero bricolaje es, como digo, el marrón de arreglar algo en la casa del pueblo, montar un mueble en el espacio más inverosímil o tener que reparar la lámpara sin saber como funciona eso de la luz eléctrica.

Hay hombres, cosas veredes, a los que les gusta el bricolaje y que nos muestran con orgullo de macho dominante de la manada los muebles que han montado o las ñapas con la que han sacado un pequeño armario de ese rincón de la casa en el que no cabía nada. Habitualmente los resultados son deplorables (si bien hay excepciones cuya existencia no podemos dejar de admitir) pero aun así provocan en sus causantes una especie de extraño orgullo viril de reafirmación de su masculinidad.

Es más, incluso aquellos que consideramos al bricolaje casero como una ominosa rotura del sagrado principio de la división del trabajo ronroneamos orgullosos como gallos de pelea al contemplar la forma impecable en la que hemos desarrollado tareas de la dificultad y el potencial de la instalación de una bombilla, por ejemplo, y por unos segundos nos sentimos verdaderos iconos de la hombría occidental, cual tarzanes en Nueva York.

No se dejen engañar, no son más que cantos de sirena cuyas consecuencias son el sudor, la incomodidad, un esfuerzo que no haríamos ni a cambio de dinero y, sobre todo, soportar durante años que la lámpara, la puerta o la cisterna de los cojones nunca acaben de funcionar bien hasta que, cautivos y desarmados, llamamos a un profesional que en cuanto abre el artilugio nos abate con demoledora eficacia:

- Esto lo ha hecho alguien que no tenía ni puta idea.
- Vaya usted a saber, es que hay mucho ñapas por ahí.

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13 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: la siesta

No podía faltar en esta serie de artículos caniculares a la que nos estamos dedicando en este mes de agosto una mención y homenaje a esa obra cumbre del pensamiento, la filosofía y el savoir affaire hispano; ese legado que es, junto con nuestra lengua, la máxima contribución que ha dado al mundo este pequeño país que por ahora sigue llamándose España. Estoy hablando, como no, de la siesta.

Si bien podemos demostrar su validez durante todo el año la siesta llega a su cenit placentero en el verano, ocupando esas horas tras la comida en las que el calor en máximos no da pie a otra cosa y recargándonos la energía que no logramos recuperar por la noche con los calores, las salidas y lo que podríamos denominar la vida por las terracitas.

Hay varios tipos de siesta que se dividen en dos grandes grupos: las de sillón o sofá y las que ya se juegan en la cama, cosa mucho más seria y a la que hay que tener enorme respeto. Dentro de éstas últimas cabe destacar sin duda las denominadas “de pijama y orinal”, que son algo así como las siestas de destrucción masiva y con las que hay que manejarse con cuidado porque uno puede despertarse completamente desconcertado, sin saber si es de día o de noche ni donde está ni como se llama, una sensación muy proustiana, pero no demasiado agradable.

En los sillones o los sofás disfrutamos de siestas míticas como la del obispo, que desarrollamos sentados en un sillón en majestuosa pose episcopal; la del borrego, que es la que se hace antes de comer en lugar de después con la barriga llena; o la de la cucharilla, en la que la pequeña cuchara con la que acabamos de remover el azúcar del café nos sirve de testigo de que hemos perdido excesivamente el conocimiento.

No menos míticas y memorables son también las siestas televisivas en las que una programación adecuada nos acompaña en ese duermevela en el que sin estar despiertos vamos oyendo interesantes datos sobre las costumbres de la marmota australiana en el documental de la dos o, en el colmo del virtuosismo siestero, abrimos los ojos justo un par de kilómetros antes del sprint de una etapa llana del tour.

Como todo, las siestas son cuestión de gustos y cada individuo se adapta y busca lo suyo. Personalmente lo que más me gustan son las siestas que yo denomino de “tres diez minutos”: diez para entrar en el sueño, otros tantos en los brazos de Morfeo y, por último, diez más para volver al mundo de los despiertos.

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11 agosto, 2005

¡¡Especuladores!!

Ha vuelto a ocurrir, la derechona fascista se ceba en los problemas más graves del pueblo llano para enriquecerse a costa de las penurias de la clase obrera, extrayendo la satánica plusvalía de todo aquello que tocan y condenando a sus conciudadanos a pagar precios abusivos por bienes de primera necesidad que en un país democrático de verdad debería proporcionarnos el estado de forma gratuita o, al menos, al alcance de nuestros sueldos obreriles.

En esta ocasión ha sido un destacado dirigente madrileño de ese partido que todos relacionamos con la especulación inmobiliaria (sí sí, es precisamente en ese partido en donde están hasta las cejas) el que compró un chalé en una buena zona de la sierra, lo ha mantenido cerrado a cal y canto durante unos añitos (¡con la falta de viviendas de alquiler que tiene el ministerio de Trujillo!) y finalmente lo ha vendido por más del triple de lo que le costó, en un ejercicio de fascista especulación que se resume en meter 30.000 Euros para sacar 348.000 (468.000 ha sido el precio de venta del que descontamos los 120.000 de la hipoteca), vamos, lo que se denomina un buen negociete.

A estas alturas se estarán ustedes preguntando si estamos hablando de Esperanza Aguirre, Gallardón o Lamela, por poner algunos nombres que me vienen a la cabeza… Pues no, se trata de Rafael Simancas, máximo dirigente del PSOE en la Comunidad de Madrid y azote de especuladores y constructores durante la última campaña electoral (y se ve que SOLO durante la campaña).

Ya un poco más en serio, he de decir que personalmente me parece estupendo que un ciudadano compre una vivienda para vivir en ella, como inversión o para poner un circo, que no es mi problema; pero me resulta indignante que el político al que más se le ha llenado la boca con la especulación inmobiliaria y que no ha dudado en lanzar gravísimas acusaciones a sus contrincantes sin tener pruebas que las respalden al final no tenga la decencia de abstenerse de hacer lo que él tanto ha criticado sin razón alguna.

Unos cardan la lana y otros llevan la fama. ¡¡Qué cara más dura!!

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09 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: una excursión a L’Oceanogràfic

Estuvimos ayer por Valencia disfrutando del calor pegajoso y repugnante de la capital del Turia y aprovechamos para hacer una visita a la última atracción abierta de faraónica Ciudad de las Artes y las Ciencias: L’Oceanogràfic.


El folleto que nos reparten a la entrada nos cuenta que L’Ocenaogràfic es un “parque marino”, el más grande de Europa, por cierto. Esta definición ligeramente confusa no deja de ser bastante adecuada para una atracción que está compuesta por varios grupos de gigantescos acuarios que ofrecen al visitante una idea aproximada del diferente hábitat marino de varios lugares del mundo: los océanos ártico, antártico y el atlántico, el mediterráneo, el caribe… El conjunto se completa con un espectacular delfinario y un no menos llamativo aviario en el que se reproducen los ecosistemas de dos tipos diferentes de humedales: el manglar y el marjal.

En pleno mes de agosto y en la costa levantina no hay que ser un hacha para imaginarse que L’Oceanogràfic va estar de bote en bote, como se dice popularmente: todos los acuarios estaban repletos de gente, así como los bares y restaurantes y las diversas instalaciones que completan el parque. Me llamó poderosamente la atención la gran cantidad de visitantes extranjeros que se paseaban por el parque, supongo que, al menos en el extranjero está funcionando la Ciudad de las Artes y las Ciencias como el polo para atraer turismo que se pretendía lograr al emprender el descomunal proyecto.

Si alguien disfruta del parque son los niños, que se pasan el día de pared en pared de los acuarios gritando y empujando como posesos (esos momentos en los que uno admira la obra y la vida de Herodes, ese visionario), pero también a los mayores les gustarán los enormes acuarios, especialmente los dos que tienen túneles (el del Caribe y el de los océanos) que nos permiten una experiencia curiosa viendo como los peces nadan por encima de nuestras cabezas. Por supuesto las grandes estrellas son los tiburones, de los que hay varios ejemplares de distintas especies, pero también son espectaculares los grandes y no tan grandes bancos de peces moviéndose a nuestro alrededor como si fuéramos el comandante Cousteau.


El despiporre infantil (y de algunos adultos) llega en el delfinario, con un espectáculo en el que participan más de una docena de delfines y seis domadores. El show está muy cuidado y resulta un poco hortera, como supongo que corresponde a una cosa de estas. Personalmente, a mí esto espectáculos de doma me resultan un poco deprimentes, ver a un animal bello y salvaje (delfines o caballos, que suelen ser los más típicos) haciendo el indio y dando vueltas como una vulgar bailarina de sevillanas me disgusta más que otra cosa, pero sí disfrute de los enormes saltos y de la belleza de unos animales que, aun en el encierro de una piscina, transmiten una hermosa sensación de libertad (me acaba de saltar el alarma anti-cursilería).

En conjunto vale la pena acercarse un día a L’Oceanogràfic aun a pesar de que la entrada no es precisamente barata (21,20 € para los adultos y 16 € para niños y jubilados), aunque les recomendaría dejar pasar el mes de agosto para encontrárselo un poco más tranquilo. Un último consejo, reserven la entrada con anterioridad y se ahorrarán una buena cola en taquilla, pueden hacerlo llamando al 902 100 031.

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07 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: El reggaeton o “tanta golfa cansa”

Las noches de fin de semana de Benivente, el pueblo de mis ancestros en el que estoy pasando unas inmerecidas vacaciones (lean más sobre él aquí, aquí y aquí), se concentran alrededor de un par de emporios del ocio cuanto menos llamativos: el Bar Inglés, heredero de uno de los tradicionales bares de tapeo del pueblo ahora más centrado en el copeo tardo-nocturno; y la veterana discoteca Starsss (por cierto, todos los nombres son inventados) que lleva unos 25 ó 30 años dando la tabarra.

Están separados por unos veinte metros de calle así que es bastante habitual hacer ruta entre uno y otro e ir repartiendo el gasto, sin embargo yo cuando ando por el pueblo suelo ser habitual e incondicional de la disco, no porque “mover el esqueleto” sea una de mis pasiones sino por complejas tramas de amistades, que los pueblos es lo que tienen.

La severidad que en los últimos tiempos tienen los controles de alcoholemia de la Guardia Civil le está dando una segunda juventud a la Starsss, lo que junto con otros factores como la creciente inmigración la están convirtiendo en un antro de lo más curioso: una especie de ONU del copeo en la que cualquier noche uno puede encontrarse una fauna variada de senegaleses, mauritanos, lituanos (y lituanas, ay), salvadoreños y, por supuesto, los beniventinos de siempre.

Lo más extravagante de la Starsss, empero, es su dueño, que ejerce noche tras noche de inmisericorde dijey torturándonos con cuidadosas selecciones de lo más cutre del panorama musical, siempre atento a lo peor de las modas y nunca al público que en ese momento ocupe su antro. Esto tiene su delito porque hay ocasiones en las que sólo están por allí sus más fieles e irreductibles clientes a la gran mayoría de los cuales asquean las distintas variedades de triunfitos y demás detritus del pentagrama, pese a ello él sigue con su machacón concepto de sesión cutre-playera mientras que sus clientes se cagan en sus muelas y piden una copa más. Si no lo entienden no se preocupen, que yo tampoco.

El dijey y propietario siempre ha estado muy atento a las novedades electrónicas y, como en tiempos disponía de mucha pasta, se compró uno de esos proyectores con tres tubos de colores que dan una imagen de calidad aceptable. Él entiende su labor en la cabina como algo multimedia (aunque más bien acaba siendo multimierda, como decía en un momento de genio Albert Pla) así que se preocupa (que esforzada es la vida del dijey) de que por cada canción que suena podamos disfrutar del correspondiente videoclip previamente grabado de los canales satélites. El problema de tan arriesgada propuesta estética es que el sistema de sonido y el de imagen son totalmente diferentes, así que siempre hay una pequeña descoordinación entre la música y la imagen que resulta extremadamente cómica: es algo así como la parte aquella de “Cantando bajo la lluvia” en la que se perdía la sincronización entre imagen y sonido y el público de la premiere se descojonaba, pero en lugar de Lina Lamont haciendo de noble francesa vemos al Busta haciendo el indio.

En cualquier caso y pese a los inconvenientes tecnológicos que relato una sesión del dijey de la Starsss es una buena lección para enterarse de por qué caminos transita lo peor de la industria musical y de los gustos populares y, como mis visitas a la disco son tan espaciadas como mis viajes a Benivente, siempre me encuentro con alguna novedad hasta entonces desconocida para mi. Ayer (esta madrugada más bien), sin ir más lejos, me di de bruces con el reggaeton. Ojo, que no estoy tan demodé: ya había oído hablar de él e incluso creo haber escuchado alguna canción antes, pero eso no es nada con una sesión en la que te tragas cinco o seis vídeos de tacada, o quizá fueran más o quizá menos, se me hace difícil distinguirlos.

Para los que no tengan el placer de conocerlo les diré que el reggaeton es lo último en música latina, una especie de bakalao en salsa de ritmos más o menos propios de Hispanoamérica y el Caribe pero extremadamente machacones, caracterizado por el constante chunda chunda y la voz de uno o varios tipos que están todo el rato como rapeando y no se entiende nada.

Los vídeos de reggaeton, sin embargo, no se han hecho famosos por sus muy discutibles dotes musicales, sino por los bailes de sus protagonistas femeninas que cuanto menos se podrían cualificar de lúbricos y/o libidinosos. Ya sé que buena parte del mundo de la música moderna se basa en la utilización de la belleza femenina como reclamo erótico-festivo, pero lo de las bailarinas reggaetonas va un paso más allá (y eso que Madonna, Kylie, Beyonce o Britney no parecen precisamente la Escolanía del Monasterio del Escorial) tanto en lo puramente rijoso como, y esto es más importante, en el espectáculo de sumisión al “macho” que suele desarrollarse en los videoclips, que por lo que a la degradación de las mujeres se refiere dejan a los más soeces raperos a la altura de un gobierno paritario.

Los escenarios de los vídeos son bastante dispares, pero se ve que ellos solitos han establecido la relación entre lúbrico y lubricante y les tira el rollo taller mecánico grasiento, sin ir más lejos uno de los que pude ver ayer se desarrollaba en un desguace y, amen de dos jóvenes estratégicamente cubiertas de grasa que hacían parecer a Shakira una tímida doncella, destacaba por unas escenas impagables del rapero o reggaetonero de turno discutiendo con una especie de grúa infernal; recuerdo otro entre las brumas de los gintonics con papá Pitufo (versión vicio) conduciendo un autobús lleno de “busconas” que también era la leche.

A mi todo esto del reggaeton me parece un poco excesivo, aun quedándonos en el aspecto visual del tema (y por lo visto las incomprensibles letras hacen parecer el “Frede Jaques” a las del colega Eminem) al final, como dijo sabiamente un amigo con el compartía las tareas de análisis sociológico, “es que tanta golfa cansa”.

Entiéndanme, no es que me parezca bien o mal que una señorita haga un poco el zorrón delante de la cámara, que me da absolutamente igual, pero cuando la cosa es tan obvia como que pierde un poco la gracia ¿no? Y aparte de eso la imagen que se transmite de la mujer como animal salvajemente danzante a los pies de su macho dominador tampoco me parece de lo más enriquecedora.

Allá ellas, pero qué rollo

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06 agosto, 2005

Otra careta que cae: el PNV pide diálogo con violencia si es preciso

El portavoz de la ejecutiva del PNV, el famoso Euskadi Buru Batzar, se llama Iñigo Urkullu y recientemente nos ha hecho un bonito favor: se ha encargado de quitar una de las pocas caretas que le quedaban a su entrañable partido, aquel que fundara ese gran amante de la humanidad llamado Sabino Arana.

Y es que el señor Urkullu se ha molestado en señalar que el gobierno debería hablar con ETA aunque la banda asesina no abandone las armas, ya que “no se deben poner condiciones previas al diálogo porque “eso sería hacer un flaco favor al anhelo de la mayoría de la sociedad vasca”.

Es señor Urkullu, por supuesto, no define en que consiste ese anhelo ni, por supuesto, la “mayoría de la sociedad vasca”; teniendo en cuenta el comportamiento habitual del PNV es fácil sobrentender que ese anhelo es que ellos sigan al mando del cotarro y la sociedad vasca son sus votantes y los de los demás partidos nacionalistas.

Pero lo más importante de este tipo de declaraciones es su importancia estratégica si, en un momento dado, se diese la famosa “negociación”. Los capitostes del PNV tienen claro (aunque no lo reconozcan) que la única moneda de cambio de ETA en esa hipotética (o no tan hipotética) mesa es su capacidad y su voluntad de matar, así que si la “fiesta” empieza dejando las armas habría ya muy poca tela que cortar, es decir, sería realmente complicado que ETA pudiese alcanzar esos objetivos políticos que, oh tremenda casualidad, coinciden con los del PNV.

Ya lo decía aquel “santo varón”: unos mueven el árbol y otros recogen las nueces. Al PNV lo que le interesa es recoger las nueces y últimamente tiene prisa, así que cada momento es menos pijotero acerca del método para mover el nogal. De hecho, cada día se da más cuenta de que como mejor se menea la foresta es a base de goma dos, no queda elegante, pero lo importante son las nueces.

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05 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: ruiditos, ruidos y estruendos

Una de las más importantes razones que uno puede tener para abandonar la deliciosa vida de las ciudades modernas (sí, deliciosa, rata urbana que es uno) es el tema del ruido, argumento que se eleva a categoría si estamos hablando de Madrid, la meca de todos los contratistas de obras que en el mundo son y algo así como la Olimpia de los manipuladores de martillos neumáticos.

Uno se va al campo, como digo, porque en el campo no hay ruidos. En el campo puede, pero en el pueblo… ¡quía! el pueblo es una infernal máquina de crear ruidos, perfectamente engrasada para molestar al máximo y, si le dejan, un poquito más. Vamos a hablar de algunos de estos sonidos.

El principal y más notable, el más perfecto de todos, es el que generan esas máquinas infernales denominadas “mulas mecánicas”, unos trastos creados para el trabajo en el campo pero cuya verdadera utilidad es dar por culo al vecindario. Se mueven con unos motores extremadamente sonoros que les permiten desarrollar velocidades alrededor de los 30 kilómetros hora y dar la sensación de que van a despegar hacia la ionosfera de un momento a otro, pero lo más satánico de su ser es el sistema de encendido que, al menos en los modelos antiguos, era algo dificultoso: había que enrollar una cuerda y tirar violentamente, con lo que los simpáticos propietarios prefieren dejar el motor en marcha (atronando por doquier) cuando se detienen a realizar importantes misiones como, por ejemplo, tomarse un carajillo en el bar.

La habilidad de la mulas para pasar justo por debajo de la ventana en el momento culminante de la película que estamos viendo (en la escena en la Poirot nos dice quien es el asesino, por ejemplo) es un misterio místico sólo comparable al hecho de que a sus dueños no les cueste mantener conversaciones por encima del estruendo que ellos mismos provocan.

Otra plaga muy del pueblo ha sido durante años la moto con tubarro de escape trucado, que no elegía para sus apariciones los momentos estelares, como las mulas mecánicas, sino que prefería una táctica extensiva: estaban todo el puto día dando vueltas. Afortunadamente la caída de la natalidad y la lógica migración de los aguerridos macarrillas moteros al Seat León TDI han mitigado mucho esta pandemia.

Luego están los ruidillos provenientes de pequeños problemas domésticos. Las casas de los pueblos que sirven como segunda residencia vacacional ni están tan bien equipadas como los pisos en los que vivimos ni tan perfectamente cuidadas, dada la ausencia de los propietarios y el infierno pseudo burocrático que supone tratar en el pueblo con el fontanero o el electricista, así que siempre hay algo en nuestra casa o en la de al lado (una cisterna, una lavadora…) que funciona a medias y suena como los motores del Concorde, sólo que de una forma constante y rítmica que sería capaz de convertir a Job en un asesino en serie.

Además está la gente, la amistosa y entrañable gente de las aldeas que gusta de discutir los pormenores de la actualidad pueblerina en mitad de la calle (o más bien junto a tu ventana), a grito pelado y horas totalmente contraproducentes de la mañana (un poquito de por favor, señora, que son las ocho y estamos de vacaciones).

Por último podemos hablar también de los entrañables sonidos del campo: el perro que ladra en la lejanía a las 4 de la madrugada, el mosquito que se nos ha metido en el cuarto y zumba a nuestra oreja y, sobre todo en estos calurosos meses de agosto, las cabronas de las cigarras que se pasan las 12 horas de sol cantando y tengo ya el soniquete metido en el cerebelo.

Ah, la vida campestre… tan tranquila.

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03 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: el falo

Se ha encontrado en Alemania el falo más antiguo de la humanidad, mejor dicho, la representación fálica (la escultura reproduciendo una polla, para que nos entendamos) más antigua conocida hasta ahora, porque me supongo yo que el falo ya lo tenía la humanidad puesto cuando Adán cobró vida a partir de una figurilla de barro, vamos que el hombre, como el mono, venía de serie con falo, polla, verga, miembro, bandao, tranca, badajo, pito, rabo, cola (colita, según el caso), aparato, pene, nabo, pepino o como lo queramos llamar, que por falta de nombres no va a ser.

Lo más curioso de estas noticias es comprobar como hay cosas en las que la especie avanza más bien poco: pese a su antigüedad el tema tenía unas proporciones respetables de 20 centímetros de largo por 3 de ancho, aunque no utilizaron como modelo a Rocco Siffreddi hay que reconocer que no se trata de una birria sino de una señora tranca.

Por otra parte, también me llama la atención lo avispadas que estaban nuestras congéneres primitivas, ya que según los expertos tanto por sus dimensiones “naturales” (caray con los expertos) como por su perfecto pulimentado se trata de un objeto que probablemente era usado como “ayuda sexual”. Como diría la radio-fórmula: ¡guauuuuuu lo más caliente de la Edad de Hielo!

En definitiva, parece ser que hace 28.000 años ya se había dado cuenta de que, como decía aquel, “la jodienda no tiene enmienda” y, puesto que era de piedra y suponemos que realizado bajo demanda, se apostó por unas medidas más bien rotundas siempre dentro de los márgenes de lo práctico, claro, que hay cosas tan excesivas que sólo las puede usar un/una profesional. Y es que, desde el último mono al más sapiens de los homo sapiens hay temas en los que a todos nos gusta presumir…

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02 agosto, 2005

Velocidad, límites y conducción prudente

El otro día escribíamos aquí sobre la “simpática” campaña de la Dirección General de Tráfico para concienciarnos de que casi todos los conductores somos una recua de despreciables asesinos en serie. El artículo, que fue enlazado desde un par de foros (gracias a quien lo haya hecho), generó cierta polémica y eso que no pretendía hablar más que de la campaña en sí, pero es que todo lo relativo a la conducción enciende los ánimos de la gente, es un hábito demasiado común y, además, demasiado relacionado con nuestra forma de ser.

Y dentro del apartado tráfico, sección “forma de conducir” hay un tema que es el que genera las máximas disputas y es, precisamente, del que quiero hablar hoy: la velocidad y los límites, que solamente está relacionado tangencialmente con artículo anterior del que les hablaba.

Los límites de velocidad en España se establecieron en 1974 y no como una medida de seguridad sino como parte de la lucha para rebajar el consumo de gasolinas y, por tanto, nuestra dependencia del crudo, objetivo muy loable sobre todo en plena crisis del petróleo. Por aquel entonces se estableció una velocidad máxima de 130 km/h para circular por autopistas, que en 1980 se reduciría a 120.

Ni que decir tiene que el parque automovilístico en la España de los 70 o los 80 era poco menos que patético (mi padre tenía un 1500 con el que era poco menos que el amo de la pista), del mismo modo que las propias carreteras distaban mucho del nivel de calidad de las actuales, sin que hoy por hoy sean la repera. Los límites de velocidad, por el contrario, no han cambiado desde entonces…

Por otra parte, el mismo límite suele ser válido para prácticamente todos los tramos de una vía, independientemente del estado de la vía, de la densidad del tráfico, o de que haya muchas o pocas curvas; en la autovía del mediterráneo, por ejemplo, debemos cumplir el mismo límite en la zona de curvas cercana a Arganda (muy virada) que en las rectas kilométricas cercanas a Albacete (alguna de unos 14 kilómetros de longitud y con visibilidad perfecta).

No sólo eso, el caso es que también debemos cumplir el mismo límite de 120 kilómetros por hora llevemos el vehículo que llevemos: un Porsche 911 no puede correr más que un Seat Panda, por poner el primer ejemplo que se me ocurre, a pesar de las más que evidentes diferencias en cuanto a fiabilidad y seguridad que hay entre esos dos vehículos. También tenemos que cumplir idéntico límite con nuestro coche recién comprado que tras diez años y 400.000 kilómetros.

¿Qué conclusiones cabe sacar de todo esto? En mi opinión la conclusión es clara: la función de los límites tal y como se entienden ahora no es tanto garantizar nuestra seguridad (¿es seguro un Panda a 120 por una zona de curvas de una carretera?) sino obtener una jugosa recaudación vía multas.

No quiero con esto decir que no deba haber límites, eso me parecería poco viable en un país como España en el que la conciencia cívica no está demasiado extendida, pero sí que pienso que si se toman la tarea de ponerlos deben ser un poco más serios e incluir todos estos factores que son esenciales para la seguridad.

¿Qué eso es muy complicado? Pues sí, pero para eso pagamos a políticos y a funcionarios de élite, ¿no?

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01 agosto, 2005

Crónicas veraniegas: las jey-lous

Llega el verano a nuestras calles y con él la calorina insoportable, más dura si cabe en grandes ciudades hiperasfaltadas y rebosantes de coches (y no vean ustedes si además están enteritas de obras como alguna que yo me sé…). Así que en estos los peores periodos de la canícula los urbanitas no tenemos más remedio que adaptar nuestros hábitos y nuestras vestimentas a los termómetros por encima de los 35º.

El cambio es particularmente chocante en el caso de las féminas, sobre todo en el caso de aquellas que mudan sus mejores galas de juani para convertirse en auténticas jey-lous, es decir, imitadoras de la famosa cantante/actriz Jennifer López (otra con el síndrome Ana Belén: cuando canta te alegras porque así no actúa y viceversa), que firma sus discos como J Lo (lo que en inglés se pronuncia así como jey-lou).

A lo que íbamos, para los que no estén familiarizados con el término las juanis son las jóvenas (¿ha visto que multiculti, señora ministra?) de los barrios periféricos que gustan de salir a pasear los fines de semana con pantalones muy apretaos, ropa como semideportiva y pintadas como una puerta. Se las ve siempre con la siempre galante compañía de sus novios: esos simpáticos chavales de pelo punta y aritos orejeros, que van con pantalones de chándal hasta el día de la boda de su hermana y que se tapan la parte de arriba de ese cuerpo fibroso con camisetas de esas que se ven a miles de kilómetros.

Pero las prendas apretás y de tela gordita que en invierno son tan apropiadas para pasearse por parquesur resultan un poco tórridas para el veranito madrileño, así que hay que reconvertirse y a la que llegan los calores la juani deviene en jey-lou cual mariposa que sale de su crisálida. ¿Y como es la jey-lou? Se estarán preguntando ustedes, intentemos una somera descripción.

No está precisamente delgada, pese a lo cual no tiene empacho en enseñarnos sus michelines bajo el top que nos permite visionar también un piercing ombliguero que ella piensa que es lo más sexy desde que el mundo es mundo pero que en realidad es más bien inmundo. De cintura para abajo destacan el pantalón pirata extremadamente apretado y en cuyo culo podemos leer, como si de una pantalla de 50 pulgadas se tratase, palabras tan apropiadas como “sexy”, “sweet” (cierto: mucho dulce habrá hecho falta para construir tamaño pandero), o expresiones como “no tocar”. Los pies, con unas elegantes calzas de esas que están hechas para que la chica parezca más alta, pero por pasar de 1’55 a 1’65 se paga un precio elevado: el cuerpo queda raro y extrañamente desproporcionado, desagradable de mirar.

En conjunto ella se ve como una mujer muy decidida y tela de sexy, opinión que refuerzan los bakaladeros sin escrúpulos que las asaltan en las discotecas a partir de ciertas horas en las que cualquier cosa se considera un éxito. Un observador imparcial la verá como un fenómeno curioso hasta el momento en el que abra la boca, a partir de ahí su culto fablar y su tímida vocecilla hacen salir por piernas a todo aquel que no esté acostumbrado a las más delicadas maneras versallesacas, ejem, por así decirlo.

La jey-lou tiene algunos puntos en común con la juani, de hecho muchos: entre la piel y el pantalón pirata de una, por ejemplo, pasa la misma cantidad de aire que entre la de la otra y su chándal acampanado, es decir, cero. Pero en el fondo son seres enteramente diferentes, parte de la fauna veraniega que no volveremos a ver hasta que, como las oscuras golondrinas, vuelvan a nuestros centros comerciales sus nidos a colgar.

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